Cuando los chicos juegan hacen algo más que entretenerse. El juego desarrolla diferentes capacidades y como familia es importante conocerlas.

Durante la infancia, el juego del niño/a pone de manifiesto su mundo interior. Desde que nacen, los bebés ya se muestran en condiciones de conocer y reconocer el mundo que los rodea: así entrarán en intercambio sus capacidades innatas con sus otros significativos del entorno (mamá, papá, abuelos, hermanos, etc). En un bebé observamos gestos, expresiones sensoriales, llantos, sonrisas, vocalizaciones tempranas: son todos movimientos que el pequeño/a emite hacia el exterior. Las respuestas de los adultos a estos movimientos, dan comienzo al intercambio lúdico que conducirá a la simbolización y a la constitución del lenguaje.  Diana García Dilba, Psicóloga (M.N. 67.130) nos brinda más pistas sobre el maravilloso mundo y las etapas del juego.

En los bebés, la búsqueda de reconocimiento del propio cuerpo instala los primeros juegos. Los adultos respondemos al intercambio sensorial y, simultáneamente, ofrecemos articulaciones de sentido y objetos del mundo externo: juguetes, lenguaje, etc. Un ejemplo claro es cuando nuestro bebé se chupa el dedo gordo de su pie y nosotros le decimos: “Está rico el dedo?” o “De quién es ese dedito?” mientras le sonreímos y le hacemos cosquillas.

Según Donald Winnicott (pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés) existen una serie de razones por las que un niño/a juega: 

Buscar placer: los niños/as disfrutan de su capacidad para encontrar objetos e inventar juegos. Gozan de las experiencias físicas y emocionales del juego.

Expresar agresión: el niño/a puede comprobar que los impulsos de odio o de agresión pueden expresarse en un ambiente conocido y bueno que es capaz de tolerar su agresión. 

Controlar la ansiedad: el exceso de ansiedad puede desencadenar el juego compulsivo o repetitivo.

Adquirir experiencia: la capacidad creadora del ser humano se pone de manifiesto a través del juego.

Establecer contactos sociales: el juego produce una organización para comenzar relaciones emocionales con otros y permite así que se desarrollen contactos sociales.

Integrar la personalidad: el juego tiende a la unificación y la integración general de la personalidad. Vincula al niño/a con la realidad personal interna y la realidad externa.

Comunicarse con la gente: a través del juego, el niño/a trata de mostrar a sus seres queridos parte de su mundo interno y externo. 

Según Jean Piaget (psicólogo constructivista, biólogo y epistemólogo suizo), a lo largo del tiempo observamos un desarrollo evolutivo del juego en nuestros hijos/as:

1) Juego de ejercicio: en los 2 primeros años de vida, el bebé juega simplemente buscando placer. Todas sus conductas apuntan a este objetivo. Ejemplos son: gatear, explorar objetos, morder o chupar juguetes, lanzarlos, agitarlos, golpearlos, esconderse, etc.

2) Juego simbólico: aproximadamente entre los 2 y los 6 años, el niño/a  simula situaciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego. Es capaz de imaginarse una realidad inventada por él. Estos juegos les permiten activar su creatividad y su imaginación, ganar confianza y superar miedos.

3) Juego reglado: si bien desde los 3 años pueden surgir los primeros juegos de reglas (con la participación de un adulto y/o también por imitación al ver jugar a niños/as más grandes), es desde los 6 años hasta los 12 años aproximadamente cuando aparecen las normas en los juegos. Son reglas externas al niño/a, quien las acepta al tiempo que aprende a compartir con otros. Por lo tanto, la actividad de juego trasciende de lo individual a lo colectivo.  En esta etapa, el niño/a ya superó la tendencia al arrebato y el egocentrismo de la primera infancia.  Ya se puede poner en el lugar del otro y tiene en cuenta las acciones de los demás. Ejemplos de estos juegos reglados pueden ser: la escondida, piedra-papel-o tijera, los juegos de mesa, etc. A través de los juegos de reglas, los niños/as aprenden a respetar a los otros y a las normas, a esperar su turno y a desarrollar tolerancia a la frustración, entre otros aprendizajes.

4) Juegos mentales: desde los 12 años aproximadamente el niño/a es capaz de resolver problemas abstractos de manera lógica. Es capaz de crear probabilidades, hipótesis, busca la o las causas para solucionar un problema. Le interesan los juegos de ingenio y de estrategia. Ha desarrollado su habilidad para argumentar y debatir. Muchas veces los padres nos sorprendemos gratamente cuando escuchamos a nuestros hijos/as argumentar con razonamientos lógicos sus puntos de vista.

Sirva todo lo aquí descripto para subrayar la importancia que tiene el juego para los niños/as, no sólo con sus compañeros/as de jardín o del colegio, sino también con nosotros como madres y padres. A veces nos resulta más sencillo jugar con nuestros hijos en la 3° o 4° etapa. Pero nuestro hijo/a nos necesita a su lado jugando desde la 1° etapa. Te paso un psicotip para lograrlo cuando nos cuesta jugar con nuestro hijo/a: recurrir a nuestro niño/a interior!            Tal vez está agazapado hace años, escondido por allí, entumecido ya…pero te aseguro que       –tengas la edad que tengas- allí está y estará siempre, esperando a que lo invites a salir a jugar, anhelando recibir tu cariño. ¿Qué mejor ocasión que invitar a tu niño/a interior a jugar…que con tu propio hijo/a?

Agradecemos el aporte de Diana García Dilba, Psicóloga (M.N. 67.130). Podés consultarla en Instagram y FB: @dianagarciadilbapsicologa

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