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Crianza

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Apurados por una situación, muchas veces bajamos del auto y dejamos a los chicos solos. Sin embargo, esto encierra potenciales riesgos para todos. “Fue un segundo. Acabábamos las vacaciones. Camila, mi hija de dos años estaba sentada en su butaca mientras mientras nosotros cerrábamos la casa y acomodábamos valijas. Como ella estaba molesta y nosotros apurados, sin pensar le dimos las llaves del auto para que se entretuviera. De pronto sentimos click, ¡había cerrado las puertas! El primer minuto nos desesperamos, pero logramos mantener la calma y le fuimos indicando qué botón tocar hasta que logró abrir la puerta. Para ella fue un juego divertido, para nosotros fue una lección. Nunca más la dejamos sola en el auto, ni siquiera ‘un segundito’”, cuenta Santiago Otero, traductor y papá de Camila. La experiencia que narra no es única. Muchos adultos, a veces apurados por una situación, bajan del auto y dejan…