Si a los adultos nos cuesta esperar, a los chicos también. A partir de los dos o tres años podemos ayudarlos a dominar su impaciencia.

“No sé lo que quiero pero lo quiero ya”, dice una canción de Sumo y como papás muchas veces sentimos que eso es lo que viven nuestros hijos. Recién comienzan a expresarse y a veces no podemos decodificar qué quieren y otras es imposible que ellos entiendan que deben esperar. Los niños pequeños no saben esperar y a veces esta situación nos desespera. Pueden armar un berrinche si no tienen ese juguete ahora mismo o si descubren que su cumpleaños no es mañana. Por eso, a partir de los dos o tres años, podemos ayudar a nuestros hijos a ir adquiriendo un poco de paciencia. María Laura Torres es maestra jardinera y nos da algunas estrategias.

Noción de tiempo: Antes de iniciar el aprendizaje es necesario que cada nene tenga una mínima noción de tiempo. Solo si distingue que, por ejemplo, “media hora” es menos que un día, pero más que un minuto, podrá soportar un tiempo de espera de determinada duración.

De improviso. No conviene anunciar un acontecimiento con demasiada anticipación. Es mejor prometer “mañana vamos a lo de la abuela”, que “la semana que viene visitamos a la abu”. Lo mismo si hay que anunciarle la llegada de un hermanito, si se lo comunicamos cuando la panza todavía no se nota, la espera les resulta interminable.

Cumplir con la palabra. Si en determinado momento no podemos atender algo que nos dice y le pedimos que “tenga paciencia”, luego deberemos satisfacer lo que nos pidió en un lapso breve. Por ejemplo “esperá que termine esta tarea y después veo lo que dibujaste”. Apenas se termina lo que se estaba haciendo hay que mirar lo que nos pidió.

Salas de espera. En todas las esperas largas (médico, viajes, trámites, supermercado) conviene inventar pequeños juegos como contar un cuento, ver cuántas personas llevan zapatillas blancas, jugar al “veo veo”.

Juegos y actividades pacientes. Una de las principales desventajas de los juguetes electrónicos y pantallas es que acostumbran a los niños a una gratificación instantánea. Involucrar a los chicos en proyectos y actividades que requieran tiempo, como hacer cerámica o los juegos por turnos, los ayudará a desarrollar su paciencia. En la plaza si notamos que  tiene dificultades para esperar su turno para acceder a la hamaca, una buena idea puede ser ir  más a menudo para reforzar su capacidad de esperar sin desesperar.

Paciencia padres. Los berrinches de los chicos son muy difíciles de tolerar por muchos papás y si ocurren en un lugar público, la situación se complica más. Sin embargo, ceder a sus rabietas, gritos o llanto no  ayudará a que los niños desarrollen el autocontrol y sean más paciente, al contrario, les reforzará la idea de que si actúan con impaciencia podrá obtener lo que quieren mucho más rápido.

Esperas programadas. Para ayudarlos a comprender que no todo se consigue de forma instantánea se puede retrasar algunas cosas a propósito. Por ejemplo, si desean un juguete  decirle que deberá esperar alguna fecha específica.

Por último, no hay que olvidar que la paciencia es algo que se aprende a lo largo de la vida. Si para un adulto muchas veces es difícil esperar, para los chicos también. Por eso, no podemos esperar ni exigirles demasiado. Ya sabemos que la paciencia es un valor que a veces hasta los adultos no ejercen.

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