Disponerse a ser mamá es crear un camino propio donde el parto es un momento y no una meta. Sobre este proceso nos ayuda a reflexionar la licenciada Diana Wechsler, referente en psicología perinatal.

Podemos mirar el devenir humano, como dice el filósofo español Eugenio Trías, desde cuatro conjugaciones del ser; Lo que es – Lo que debe ser – Lo que quiere ser – Lo que puede ser.
En este juego entre una realidad percibida, otra impuesta, otra deseada y otra potencial, se va desplegando la vida humana que intenta alguna ecuación que arma su matriz individual y le permite vivir con un sentido propio.

Al trasladar esta mirada a la problemática de la maternidad, aparece la mujer embarazada parada entre algunas ideas generalizadas: una indica que como toda la humanidad nació de parto, no hace falta preparase para ello, lo cual desde un punto de vista es verdad. Otra dice que sí, que debe prepararse, y en general esta preparación apunta a eliminar el dolor, o eliminar el temor, y también a adoptar un modelo de madre prestado, que la sociedad impone y que asegura salud mental a ultranza.


Algunos apuestan aún más a esta promesa e intentan adecuaciones sofisticadas, como las múltiples ofertas que recibe la mujer embarazada. También, por otro lado, le “hacen” el parto y la despojan de todo protagonismo personal. O sea, oscila entre lo que es, lo que debe ser y lo que quiere ser. Y queda postergada la instancia de lo potencial, de lo posible, del puedo, del poder, de la potencia. O sea, de lo que devuelve su huella de ser humano único, de su mismidad, de lo que puede ser.


¿Por qué?
Porque prepararse para la maternidad es crear el propio modelo de madre, es hacer posible esa potencialidad e ir descubriendo en un proceso largo, donde el parto es sólo un momento más y no una meta, que esa construcción se hace con amor, transformación, verdad y honestidad de escuchar la propia voz, para que ese potencial logre existencia. Y así como hará nacer un hijo, también hace nacer lo posible, lo crea. Y se crea como madre.


En ese camino podrá recibir ayuda, información, acompañamiento y todo lo que necesite, pero apuntado al trabajo que ella hace con si misma, su compañero y su hijo, para su encuentro.
Como un espacio inviolable que los de afuera no debieran quebrar. 


Por eso, para las personas que trabajamos con futuras madres, biológicas o no, es importante reflexionar desde qué lugar la ayudamos. Acompañar, dejar salir, escuchar, permitir, dudar, mirar, esperar… es un lenguaje. Enseñar, adiestrar, entrenar, imponer, hacer… es otro.


Y más allá del camino o técnica de abordaje que usemos, el respeto por el modo en que una persona recibe a otra al mundo, nos deja en silencio y con la conciencia de lo sagrado que es un nacimiento y del privilegio que es acompañarlo.

Lic. Diana Wechsler es licenciada en Psicología, directora de Proyecto Natal, Especialista y referente en psicología perinatal. Podés comunicarte con ella en  @natal.proyecto

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