Sin querer que comiencen con la alta competencia, muchos papás sí desean que sus hijos desde chicos se acerquen al deporte. ¿Cuál es el mejor momento para hacerlo?

No deseamos que sean Lionel Messi, tampoco Roger Federer o Simone Biles, pero cuando los vemos moverse con agilidad, intentar patear una pelota o dar una voltereta muchas veces no podemos dejar de fantasear con una carrera deportiva para nuestros hijos. También puede pasar la contrario. Al verlos sin mucha agilidad nos preguntamos cuándo es el mejor momento para comenzar a estimularlos en los deportes.

A medida que los chicos crecen van desarrollando habilidades y destrezas de distinto tipo. “Existen tres tipos de habilidades. Las locomotrices que son caminar, correr, saltar, galopar, rodar, trepar, subir y bajar. Las no locomotrices en donde se mueve solo una parte del cuerpo como girar, balancearse, empujar o colgarse y las proyectivas, en las que se manipulan objetos y que implica arrojar, lanzar, atrapar, patear y batear”, explica Pedro Pessagno, profesor de Educación Física. Todas estas habilidades cuando se las estimula favorecen el desarrollo del sistema nervioso, la fuerza muscular y el desarrollo de habilidades como la coordinación y lateralidad. Por eso, incentivar a los chicos a realizar una actividad deportiva desde pequeños no solo mejora su desarrollo también mejorar su calidad de vida.

“Hasta los dos años no hay iniciación deportiva. En los chicos pequeños solo se da el juego libre. Los adultos acompañan y solo deben estar muy atentos para evitar golpes, caídas o accidentes” señala Pessagno. Hasta los cuatro años, la recreación sigue siendo el objetivo pero se comienzan a afinar las habilidades motoras. Ya es posible incentivarlos a saltar, tirar y arrojar pelotas o andar en triciclo. Todas estas actividades deben ser desde lo lúdico y no desde la exigencia.

De los cuatro a siete años los chicos todavía siguen jugando y los padres deben permitir que lo hagan sin presiones. “Facundo, mi hijo era bastante habilidoso jugando al fútbol. En un  partido del Jardín estaba frente al arco y cuando pensé que iba a convertir su primer golazo se entretuvo mirando una mariposa”, cuenta todavía divertido, José Luis Ceballos, comerciante y papá de Facundo. En una línea similar es la experiencia de Cecilia Urbina, mamá de Teo. “A los cinco años hizo su primer gol, al ver la pelota en el arco gritó de felicidad. El problema es que había sido un gol… en contra. Pero estaba tan feliz que con mi marido optamos por reírnos. Lo importante es que se divirtió”. La experiencia de estos papás muestra que en esta etapa los chicos suelen tener mucha movilidad pero poca concentración, además les cuesta seguir y entender algunas reglas del juego y la competencia. Por eso, es una etapa ideal para incentivarlos sin presionarlos. Se espera que mejoren su habilidad, coordinación, equilibro y velocidad pero siempre desde lo lúdico y no lo competitivo.

Recién alrededor de los ocho años es cuando los especialistas aconsejan que se comience con una actividad deportiva más intensa.

Muchas disciplinas, ¿una opción?

A medida que los chicos comprendan las reglas de los deportes se puede comenzar una actividad deportiva más formal en algún club u otra institución. Es común que los chicos comiencen en un deporte pero luego quieran pasarse a otro. Habrá que llenarse de paciencia y escucharlos porque no todos los deportes son para todos. “Practiqué hockey desde chica y quería que Luchi también lo hiciera pero no hubo caso. No le gustaba por más que intenté en dos lugares diferentes. Hasta que un día una compañera del cole la invitó a atletismo y eso sí que la enganchó”, cuenta Viviana García, mamá de Luciana. 

Al momento de elegir un deporte los que se practican en equipo tienen la ventaja de fomentar el espíritu de equipo, la cooperación y la sociabilización. Los deportes que se practican en forma individual a veces favorecen el individualismo pero también fomentan la independencia, potencian la atención y automotivación.

Sea el que sea el deporte elegido es imprescindible que los adulto se aseguren que los entrenadores están capacitados para trabajar con niños. Si un chico se siente presionado por quien debe guiarlo es común que termine abandonando o viviendo una situación que lejos de provocarle placer lo angustia. “Los profesores no solo debemos enseñar la práctica del deporte, también valores como el compañerismo, el juego limpio y e respeto al rival. Y aunque nos cueste saber que lo importante es el placer de jugar y no solo de ganar”, asegura Pessagno y por eso aconseja no anotar a chicos pequeños en competencias formales que añaden una presión extra para la que todavía no están formados.

Pero no solo los entrenadores no deben perder el eje. Es importante que cada familia acompañe y disfrute el logro de los chicos sin presionarlos o cargando frustraciones y sueños propios. Los chicos deben experimentar el placer de hacer deporte y la alegría de participar. Porque si los presionamos y la alegría se transforma en angustia, no hay duda que aunque ganen sentirán que perdieron.

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