El nacimiento de un bebé siempre modifica la vida familiar. Pero qué sucede cuando llegan mellizos o trillizos. Mamás y especialistas comparten consejos e historias de maternidad por duplicado o triplicado.

“Apenas puedo con uno ¿cómo hacés con dos? ¿Todos son tuyos? No se parecen”, son algunos de los comentarios que escuchan las mamás de mellizos, trillizos o más. Algunas se sienten tocadas por una varita mágica y otras comprueban que se les cumplió el sueño de tener varios hijos, salvo por un “detalle”: llegaron todos juntos. “Cuando una mamá se entera que espera más de un bebé se produce un fuerte impacto emocional,  en especial si no realizó un tratamiento de fertilización”, afirma María Julia Fava, psicoanalista de niños y adolescentes, y agrega:  “La sorpresa es grande y la invaden sentimientos intensos: desde la felicidad hasta el pánico. Se suele preguntar cómo logrará criar tantos hijos a la vez”.  

Con la posibilidad de acceder a más tratamientos de fertilización aumentaron los nacimientos múltiples. No fue el caso de Laura Borenstein, mamá de Chiara, Abril y Azul, trillizas por embarazo espontáneo. “Los primeros análisis de sangre daban negativo, al tercer mes realizarme una ecografía recibí la noticia: esperaba tres. No sabía si llorar o saltar de alegría –cuenta entre risas-. Cuando con mi esposo se lo dijimos a la familia la primera reacción era ‘¿nos están cargando?’”. Muy distinta fue la experiencia de Graciela Funes, mamá de los mellizos Agustín y Pedro. “Cuando nacieron, en 1975, las ecografías no existían. Al cuarto mes de embarazo, el ginecólogo me midió la panza con un centímetro de plástico -como el de las modistas-, auscultó mi vientre y descubrió que latían dos corazones”. Mirtha Legrand suele contar que su madre se enteró que en vez de una hija tendría dos en el mismo momento del parto cuando el médico le dijo “puje, puje que viene otra”.

LLEGARON LOS NIÑOS

Después del diagnóstico, el embarazo y el parto ¿qué sucede? En el mejor de los casos si los bebés nacen maduros cuando la madre es dada de alta puede llevarlos a su casa. Si nacen prematuros o con algún grado de inmadurez, es probable que queden internados en Neonatología. Esto que por un lado provoca cierto temor sin embargo, permite prepararse para recibirlos. Mamás y profesionales coinciden en que con la llegada de los niños al hogar es imprescindible organizarse. Algunos padres confeccionan planillas con nombres, horarios y rutinas donde detallan qué consumen, cuándo los cambian o qué medicamento se le suministró a cada uno. 

No solo es cuestión de organización, también de colaboración. Lo ideal es contratar a una persona para ayudar los primeros meses. Como no todos tienen esa posibilidad se puede pedir el apoyo a familiares o amigos. Fava remarca el rol del papá. “Es fundamental que se integre y colabore con el cuidado y la atención de los bebés. La mujer vivió una gran experiencia física y emocional y será necesario acompañarla para que no quede aislada o se deprima”. Para eso es preciso compartir y repartir las actividades, buscar momentos de diálogo y un hombre que no se sienta desplazado. “El papá siempre estuvo a la par en todas las tareas: bañarlas, dormirlas, cambiarlas… Lo único que no hizo fue dar la teta”, cuenta orgullosa Mariela Jerez, mamá de Valentina y Malena, gemelas idénticas de 7 años. Una experiencia similar vivió Susana Monzani, mamá de Lautaro y Camilo: “Mi marido me obligaba a ir a la peluquería. Él sabía que yo  necesitaba desenchufarme un rato del mundo pañal” y asegura que podía irse tranquila porque él se las ingeniaba para darle la mamadera a los dos, pasearlos y sobre todo, no desesperarse si lloraban a dúo.

SOY FELIZ

Criar varios niños que nacieron en forma simultánea trae complicaciones y maravillas.  Sus mamás aseguran que crecen menos caprichosos porque están acostumbrados a esperar y a compartir. En los juegos, los roles se rotan, mientras que con un hermano más grande casi siempre se obedecen las reglas que impone el mayor. Cuando crecen, casi nunca se escucha la temida frase: “má, estoy aburrido”; siempre hay un par para compartir juegos y travesuras.

Por otro lado, pese al aumento de los embarazos múltiples, mamás e hijos siguen despertando mucha curiosidad. “Las primeras veces que salía a pasear con los nenes me sentía Mirtha Legrand –cuenta Susana Monzani-. La gente, sobre todo las personas mayores, me paraba  para preguntarme sus nombres, quién nació primero o contarme que eran mellizos o padres de múltiples”. Mariela y Laura comparten la misma experiencia. “Una despierta asombro, a mí me llama la atención cómo llaman la atención. Las mamás me dicen: ’ayyyy, no sé cómo hacés con tres, yo no puedo con uno’ y les contesto que también me vuelvo loca con tres porque la demanda está. Ser una buena o mejor  mamá no es una cuestión de cantidad de hijos”, reflexiona Laura.

La llegada de más de un bebé cambia la dinámica familiar, pero con el tiempo todo se acomoda. Graciela asegura que cuando nacieron Pedro y Agustín sintió que eran un regalo de la vida. “Me daba mucha ternura verlos tan chiquitos, pero por otro lado sentía y siento una gran responsabilidad por sus vidas”. Mariela experimenta que ser la mamá de Malena y Valentina es “lo más grandioso que me pudo pasar”, pero también sabe que “hubo momentos en los que deseaba salir corriendo porque sentía que la situación me superaba. Pero miraba esas caritas que me sonreían y sacaba fuerzas para seguir”. Laura dice que le gusta ser mamá de tres, “aprendí a tomar con humor las cosas que no puedo solucionar y disfruto mi maternidad por triplicado”. Susana comparte que cuando estaba embarazada le repetían “nunca vas a conocer un amor tan profundo y visceral y que ella descreía de tanto compromiso pero que hoy lo experimenta. Para ellas, una mamá no nace, se hace con sus hijos. Al fin de cuentas criar hijos –uno, dos o más- es un aprendizaje que dura toda la vida.

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