Alejandra Clutterbuck es ilustradora y periodista gráfica. Le gusta crear imágenes para textos ajenos y también trabajar en proyectos propios, pero sin duda su mejor proyecto es la maternidad.

Es difícil definir en unas líneas todo lo que implica ser mamá. Ser mamá es el regalo más lindo de la vida, pero viene con un montón de sacrificios, mucha alegría y también dolor. Cuando esa maternidad se ejerce con ganas estamos dispuestas a soportarlo todo. Por un hijo se pierden los miedos y se entrega todo. Ser mamá me abrió los ojos sobre mi propia mamá. Finalmente la entendí y empecé a admirar todo lo que me dio. Ella tuvo que hacer mucho trabajo sola, calladita. Gran parte de lo que soy con mis hijas se lo debo a ella. ¡Mamá! Me dice la más chica mientras escribo. ¿Podés esperar?, le digo. Así suelen ser mis días. Desde que las tengo –y no desde la pandemia- aprendí a trabajar entrecortado, con ellas dormidas en mis brazos y con los tiempos de ellas. Ya no existe mi tiempo, y además exprimo cada segundo y lo hago rendir un montón. Me doy cuenta de que antes lo desperdiciaba bastante. Cuando me percibo cansada pienso en todas esas personas que hacen grandes sacrificios para trabajar, que se levantan a las tres de la mañana, o que caminan 60km para ir a una escuela rural. Ahí me doy cuenta de que soy afortunada respecto del tiempo. 

Busqué mucho a mis dos hijas, Clara que cumplió 6 y Elena que tiene cuatro, y me encanta que sean mujeres, en mi familia es casi una tradición. Con la primera reviví muchas cosas de mi propia infancia y fui aprendiendo a ocupar el rol de mamá. También comprendí que ella no soy yo, por suerte (para ella, por supuesto). Con la segunda empecé a dejar de ser una madre zen y pasar a ser una madre más normal, olvidadiza, rezongona, incluso de aspecto más cansado. La segunda es un desafío porque rompe las reglas, pero lleva la ventaja de ser más libre. Viene a desatar rigideces. 

Las amo a las dos por igual y cada una me conecta desde un lugar diferente. Son dos chiquitas muy buenas y sensibles. Trato de estar atenta para que no se sientan mal, o intento enseñarles que siempre pueden confiar en mí, y que las voy a querer ante todo. No importa lo que hagan, siempre las voy a amar. Pero con la maternidad aprendí también que va a haber muchas cosas, que aunque no quiera, se me van a escapar. Siempre la voy a pifiar. Sin quererlo, las voy a lastimar. Esto no quiere decir que no intente hacer todo lo mejor posible, pero también entiendo que soy humana. Y de los errores de sus padres nuestros hijos aprenden. Muchas veces les pido perdón por cosas que hago mal, también lloro delante de ellas. No me voy a poner un disfraz, soy común y corriente. Yo no tuve la experiencia de tener hermanos y es un vínculo hermoso que requiere mucho cuidado. Mi deseo para ellas es que se amen mucho, que se cuiden la una a la otra, que sean compañeras y que luchen por sus sueños.

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