Según cada etapa de crecimiento, alcanza con tomar algunos sencillos recaudos puede prevenir accidentes graves.

Cuando los chicos comienzan a andar su curiosidad por explorar el mundo es muy grande. En este período algún golpe se llevan, por eso se suele decir que “son de goma” porque en su aprendizaje una caída no los atemoriza ni les saca la curiosidad. Si el golpe fue fuerte, quizá tengan un pequeño período de titubeo, pero no les dura mucho. Al contrario, se vuelven más precavidos. 

Sin embargo, no hay que perder de vista que la rápida y permanente adquisición de nuevas habilidades, puede llevar a que enfrenten situaciones potencialmente peligrosas que muchas veces no son advertidas por los papás o cuidadores. Para los chicos caerse es frecuente, pero como adultos podemos y debemos extremar los cuidados para que no se produzcan lesiones. Desde el Hospital Italiano elaboraron las siguientes pautas que nos ayudan a considerar qué tener en cuenta en las diferentes etapas.

Hasta los 4 meses: “mejor no confiarse”. Es probable que los primeros movimientos no parezcan peligrosos. Sin embargo, la distracción a la hora de darse vuelta para agarrar el pañal y que el bebé en ese momento se caiga o golpee es un típico motivo de consulta en la guardia por accidentes. Lo mejor es preparar todos los elementos para cambiarlo o tenerlo listos en un lugar específico y, así, nunca perder de vista al bebé.


Entre los 4 y 6 meses: “siempre en un lugar seguro”. En esta etapa, cuando ya rolan y se mueven, no alcanza con una almohada para evitar caídas ya que pueden girar sobre ellas o correrlas con los pies. Si va a dormir en un lugar ajeno a su cuna o corral, mejor que sea en el cochecito, atado. Quizás duerma menos tiempo pero es lo más seguro.


Entre los 6 y 8 meses: “peligro, bebé gateando”. Ahora es momento de elevar los objetos y adornos que antes ocupaban un lugar preferencial de la casa, como también bloquear el acceso a estufas, enchufes, escaleras y puertas o cajones (se pueden instalar trabas de seguridad). 


Entre los 8-9 meses: “me caigo y me levanto”. Evitar que se caiga cuando comienza a pararse es casi imposible. Sin embargo, se puede hacer lugar para que se desplace sin encontrar obstáculos con puntas duras o filosas (muebles, mesas, etc.). Y es importante no dejar objetos pesados en el borde de las mesas o manteles al alcance de su mano. Los andadores no están recomendados.


A partir de 1 año: “el dueño de la casa”. El bebé, cuando empieza a caminar, descubre y explora casi todo lo que encuentra a su alcance sin entender el concepto de lo que es peligroso. Habrá que cerrar lugares inseguros (accesos a balcones, escaleras, ventanas bajas) y evitar que se desplace en medias, ya que propician los resbalones.


Más adelante. Con el crecimiento, el niño irá aprendiendo a entender qué es peligroso, qué hay que evitar o lo que se puede y no se puede hacer. Igualmente puede ayudar colocar protectores a ambos lados de las escaleras y es imprescindible proteger balcones. Si ya anda en bicicleta o triciclo, se sugiere el uso de elementos protectores (casco, coderas, etc.).

Fuente: www1.hospitalitaliano.org.ar/#!/home/aprender/noticia/34867

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