Es completamente normal tener sentimientos de ansiedad en determinadas situaciones y en ciertas edades. Sin embargo, a veces son  muy intensas y pueden provoca situaciones de angustia.

Hay momentos en que casi todos los niños sienten miedo o perciben el peligro. La oscuridad, los monstruos imaginarios y que ellos sienten reales, el miedo a un nuevo lugar son algunas de las situaciones que generan las primeras experiencias de ansiedad. A medida que crecen, estos sentimientos pueden aparecer en situaciones sociales y de evaluación, como por ejemplo cuando les toca rendir un examen, conocer a otros niños o ser objeto de una broma. Todas estas situaciones son parte de su crecimiento y poco a poco van logrando “habilidades de supervivencia” que les permitirán afrontar los retos que la vida les traerá. La ansiedad “normal”, generalmente es ocasional y tienen una corta duración. La mayoría de los chicos aprenden que los monstruos no existen, que los exámenes se aprueban estudiando y como tienen que responder a una broma. Sin embargo, para otros niños, las sensaciones de ansiedad son muy intensas, persisten en el tiempo o aparecen a menudo. Conversamos con Diana García Dilba, licenciada en Psicología (MN 67139) que nos da estas puntas para reflexionar.

La ansiedad suele entenderse como un trastorno exclusivo de los adultos, y se la asocia a causas tales como preocupaciones laborales, económicas, familiares y – hoy en día – a la pandemia que nos atraviesa. Sin embargo, los bebés y los niños también pueden sufrir ansiedad.

Es importante que, como padres, entendamos primeramente qué es (y qué no es) la ansiedad para así poder descubrir si nuestros hijos/as están experimentándola (o no) y, por ende, no generarnos a nosotros mismos ansiedad ante la incertidumbre de no saber qué les pasa a nuestros niños.

Aaron Beck, el padre de la psicología cognitiva, describe la ansiedad de forma muy sencilla, como una reacción de miedo. Es un mecanismo fisiológico que nos permite adaptarnos al medio: nos pone en alerta ante potenciales peligros del entorno y nos prepara para una conducta adecuada a la amenaza percibida: evitándola, huyendo o afrontándola.

Existen dos tipos de ansiedad, la diferencia entre ellas está en la percepción de la amenaza por parte del niño/a: 

. una ansiedad funcional y proporcionada que es un mecanismo funcional, adaptativo y protector, absolutamente necesario para todos (adultos y niños/as). Llevado a un ejemplo: aparece una gran amenaza (por ejemplo fuego), el niño/a percibe un gran peligro, su reacción de miedo es muy grande y se activa su mecanismo fisiológico de adaptación: huye del fuego o, de no poder, llora y grita para alertar que está en peligro.

. pero también existe un tipo de ansiedad que es disfuncional y patológica que surge cuando la respuesta del niño/a es desproporcionada frente a la amenaza que aparece. Incluso puede ocurrir en ausencia de estímulos externos que la justifiquen y, aun así, se disparan síntomas físicos y psicológicos. Llevado a un ejemplo: un niño de 2 años que no quiere quedarse ni un minuto separado de sus padres, ya sea en el jardín, un cumpleaños o la visita a un familiar. Si esto ocurre, puede estar llorando angustiado durante largo tiempo (respuesta muy alta y de larga duración), creyendo que no los verá nunca más. En este caso, estamos ante un trastorno de ansiedad por separación.

En el inicio de la infancia se recomienda consultar a un psicólogo/a  si observamos los siguientes síntomas en nuestros hijos de manera frecuente y a lo largo del tiempo: inquietud permanente, llantos sin motivo aparente, alteraciones del apetito que no obedecen a enfermedades clínicas, dificultades para dormir, no querer separarse de nosotros, dolores abdominales y de cabeza, miedos irracionales, dificultades en el aprendizaje o conductas disruptivas con otros niños o adultos.

Ante estas situaciones, el profesional de la salud mental debe realizar una evaluación exhaustiva del niño/a y un correcto diagnóstico diferencial para analizar si son miedos evolutivos funcionales (propios de cada momento del desarrollo), o síntomas de algún trastorno de ansiedad a tratar (mediante psico-educación, psicoterapia y -de ser necesario en función del tipo de trastorno de ansiedad detectado-  psicofarmacología).

Podés consultar  a  Diana García Dilba en sus redes
Instagram y FB: @dianagarciadilbapsicologa

Autor

Escriba un Comentario