Para bebés y recién nacidos la leche es protagonista fundamental para su crecimiento y desarrollo, pero la mala absorción de la lactosa puede generar inconvenientes.

Nadie duda de la importancia de una buena nutrición para que los bebés crezcan sanos. La leche ocupa un lugar imprescindible como alimento del recién nacido. Sin embargo, algunos niños dejan de tomarla porque después de hacerlo sienten fuertes dolores en la zona abdominal. Esos síntomas pueden ser parte de la llamada intolerancia a la lactosa, el azúcar natural de la leche.

“La intolerancia a la lactosa sucede cuando el cuerpo no puede descomponer o digerir fácilmente la lactosa. La lactosa es un azúcar que se encuentra en la leche y los productos lácteos”, explica Constanza Dvorkin, licenciada en Nutrición (M.N 2994) y sigue “si un niño es intolerante a la lactosa, puede tener síntomas molestos después de comer o beber productos lácteos. Estos síntomas incluyen hinchazón, diarrea y gases”.

Acá vale una aclaración. La intolerancia a la lactosa es diferente a la alergia alimenticia a la leche -conocida por las siglas APLV- y que es la reacción exagerada del sistema inmunitario ante una o más proteínas que contiene la leche de vaca.

En cambio, “la intolerancia a la lactosa se presenta cuando el intestino delgado no produce suficiente cantidad de un jugo digestivo o una enzima, llamada lactasa. Sin suficiente lactasa, el cuerpo no puede descomponer o digerir la lactosa”, aclara Dvorkin.

La intolerancia a la lactosa puede ocurrir tanto en niños como adultos. Algunas causas comunes son las siguientes:

  • Enfermedades digestivas o infección.
  • Lesión en el intestino delgado.
  • Antecedentes familiares de intolerancia a la lactosa. En estos casos, con el tiempo el cuerpo puede producir menos enzima lactasa. Los síntomas pueden ocurrir durante la adolescencia o la edad adulta.
  • Un bebé que nace antes de tiempo, también llamado bebé prematuro. Este tipo de intolerancia a la lactosa es, a menudo, un problema a corto plazo que desaparece.

Conocidas las causas muchas personas se preguntan si es necesario suprimir los lácteos de la alimentación diaria. La respuesta es que debe evitarse sacarlos de la dieta porque su carencia podría conducir a una pérdida nutricional de calcio, fósforo y vitaminas, asociándose con una disminución de la densidad mineral ósea y un mayor riesgo de fracturas en todas las edades.

La licenciada Dvorkin señala que “los que padecen intolerancia a la lactosa, pueden consumir productos lácteos sin lactosa, que incluyen leche, queso y yogures sin lactosa: todos ellos son buenas fuentes de calcio. Además, se puede obtener calcio de vegetales de hoja verde oscura, como la espinaca, el brócoli y la coles; frutos secos (almendras) si son chicos usamos la harina de almendras en variadas preparaciones; legumbres, pescado, avena fortificada, tofu, bebidas de almendras, caju, arroz o coco fortificadas.”

En la comunidad judía el término parve se refiere a los alimentos que no contienen lácteos. Esa es otra opción buscar en estos almacenes todos los productos kosher parve que son libres de lactosa. 

En los últimos tiempos la mayoría de los barrios y centros comerciales cuentan con dietéticas que ofrecen panes y galletitas que dice lactosa free o libre de lactosa.

Ante tantas opciones ¿cómo elegimos la leche deslactosada o el producto correcto? Al leer las etiquetas, se identifica la composición del producto y se puede elegir el que más se acerque a las necesidades de cada persona. En caso de dudas siempre será el profesional de la salud quien ayudará a decidir cuál es la opción más conveniente.

Podés consultar a la licenciada Constanza Dvorkin en su IG: @conyfi

Carestino
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