La concepción sobre la infancia se ha ido transformando con el tiempo y la psicóloga María Rondán, nos invita a reflexionar acerca de nuestro lugar de adultos responsables de llevar adelante la crianza.

El 21 de agosto se celebró en nuestro país el Día de las Infancias, antes llamado Día del Niño. En las redes sociales e incluso en alguna charla familiar no faltó el debate por el cambio de denominación. Ya sin el apuro por los regalos, ni las charlas apasionadas por el nuevo nombre, María Rondán, psicóloga y especialista en Crianza de la Asociación Civil Argentina de Puericultura ACADP nos invita a reflexionar sobre un día que es mucho más que una fecha comercial.

Desde el 2020, la secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia promovió una nueva denominación para la celebración, que oficialmente pasó a llamarse Día de las Infancias con el objetivo de volver más inclusiva y abarcadora la propuesta, reconociendo la diversidad que tienen la niñez en nuestro país, atravesada por cuestiones de género, de discapacidad, lingüísticas, regionales. Y desde una perspectiva de derechos humanos.

La jornada debería llamar a la reflexión para crear conciencia de que todos los niños deben tener derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del lugar del mundo donde hayan nacido.

A lo largo del siglo XX se aprobaron diversos documentos sobre los Derechos de la infancia. Representan un avance crucial en el reconocimiento y en la mejora de derechos que los Estados deben cumplir. Sin embargo, existe una enorme distancia entre la consagración de estos derechos y su inclusión efectiva en la vida cotidiana. Es un camino que hemos iniciado pero que debemos seguir profundizando. 

La niñez constituye un objeto de estudio muy complejo donde se entrecruzan diversas prácticas y conocimientos que provienen de perspectivas muy diferentes y construyen discursos de muy distintos sesgos.

La concepción sobre la infancia se ha ido transformando con el tiempo a través de modificaciones sustanciales durante la última década. Estos cambios de paradigma son nodales pero no siempre nos detenemos a pensarlos. No es casual que el enunciado de la categoría misma de derechos de niñas, niños y adolescentes sea así. Los nombramos en plural y con marca de género porque la pluralidad y la construcción genérica son dos de los gestos más importantes en la nueva conceptualización. Cuando pensamos en plural, en las infancias, estamos dando un paso para darle lugar a la diversidad en todo sentido. 

¿En qué pensamos cuando escuchamos la palabra infancia? ¿Y si la escuchamos en plural? ¿Dónde empieza la niñez? ¿Dónde termina? ¿Y dónde, la adolescencia? 

No se trata de interrogar a la infancia, sino de pensar en nuestro lugar de adultos responsables de llevar adelante la crianza. Para eso, nos hace falta incomodarnos, interpelar lugares comunes y cuestionar las representaciones sociales más habituales desde las cuales nos referimos a los niños.

Es un desafío constante y en alerta permanente, que requiere atención, escucha y compromiso porque implica reconocer que las niñas y los niños son protagonistas y sus voces deben ser oídas. 

Partiendo de esta idea de la construcción social de los niños como actores de la vida pública y avanzando hacia la cimentación de la infancia como punto de partida fundamental para la vida, necesitamos indagar nuestro lugar de adultos y cómo actuamos en cada contacto con ellos. 

Esto no significa resignar nuestra responsabilidad ni transferirla, sino esforzarnos en construir entornos protectores de los derechos y transformarnos en adultos en quienes las niñas y los niños puedan confiar. Para eso es importante entender que ellos son sujetos activos en la construcción de su desarrollo y que es necesario favorecer el respeto absoluto por sus necesidades emocionales. 

La crianza respetuosa no es una lista de reglas a cumplir, no es un mandato. Tiene que ver con escuchar las necesidades de todos los miembros de esa familia, validar el deseo y reconocer a las niñas y a los niños como personas que deben ser respetadas.

Esta es la esencia de una crianza respetuosa que se concibe como un suceso público y social cuya responsabilidad debe ser compartida.  Formular una ley no significa su cumplimiento. Se requiere un cambio en las representaciones y en las creencias. La crianza y lo que sucede en relación con el trato o maltrato de la infancia no es un hecho privado e individual. Es una cuestión pública que debe ser prioridad en las agendas políticas.

Entonces, aprovechemos para reflexionar y pensar en la idea de que infancias más felices, más cuidadas, más respetadas y miradas con más amor son la base sólida de una mejor sociedad.

Podés comunicarte con la licenciada María Rondán en @acadp_lactanciaycrianza

Avatar photo
Author

Write A Comment