Existe la fantasía que las contracciones se dejan en la sala de partos, pero lo cierto es que duran un poco más. Después del nacimiento, el útero se sigue contrayendo durante unos días y de esa forma se achica hasta descender a la pelvis, como antes del embarazo.

Es común sentir que estas se agudizan mientras amamantas ya que al hacerlo el organismo libera oxitocina, lo cual aumenta las contracciones, pero -como recompensa- ayuda a que el útero vuelva a su posición normal. Además, traen otro plus: favorecen la reducción del sangrado vaginal.

Tené en cuenta que este proceso lleva alrededor de una semana y es totalmente normal. Si te molesta demasiado, podés hablar con el obstetra para ver si es posible ingerir algún analgésico.

Parto vaginal: dolor perineal

El perineo es una pequeña zona que va desde la vagina al ano y que, tras el parto vaginal, queda sensibilizada. Por supuesto, si se realizó una episiotomía (una incisión que se efectúa para facilitar la apertura vaginal y, así, el parto) el dolor es totalmente esperable.

Sin embargo, la episiotomía es cada vez menos utilizada. De hecho, el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (American College of Obstetricians and Gynecologists, ACOG) no la recomienda como parte del protocolo o la rutina; por eso es importante que charles con tu obstetra antes del parto para contarle cuáles son tus expectativas.

Si pasaste por ese procedimiento y estás demasiado dolorida, también deberías hablar con el obstetra. Pero, por supuesto, hay algunos trucos caseros que podés implementar para aliviarte. En el libro “¿Qué puedes esperar cuando estás esperando?”, recomiendan:

– Aplicar frío en la zona para reducir la hinchazón: Usa un guante quirúrgico lleno de hielo picado o una toalla higiénica absorbente con una bolsa fría incorporada y aplícala en la zona cada dos horas durante las primeras 24 horas después del parto.

– Los baños tibios de asiento: (en los que se sumergen solo las caderas y las nalgas) durante 20 minutos unas pocas veces al día, o compresas calientes, también aliviarían la incomodidad.

Por supuesto, es fundamental higienizar bien la herida siguiendo las pautas brindadas por el obstetra. Si tenés fiebre o si sale pus de la herida, comunícate de manera inmediata con tu médico, ya que pueden ser señales de infección.

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