Esta fecha se instauró en el año 1973 durante el Congreso Mundial de Pediatría celebrado en nuestro país, en conmemoración de la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) el 20 de octubre de 1911

Para la crianza saludable de los chicos, es fundamental el trabajo del pediatra. Los padres buscan un profesional que coincida con sus valores, su confianza y aunque parezca algo menor también que concuerde con sus horarios y su consultorio no quede muy alejado de sus casas. Por otro lado, los pediatras, de cierta manera, también eligen cuando responden o no a las necesidades de los pacientes. Es común que si una familia no se siente cómoda con un médico decida cambiar de profesional. Así también muchas veces cuando el profesional ve que sus saberes no son escuchados o sus indicaciones son cuestionadas y la comunicación no fluye, prefiere derivar ese paciente a un colega. 

Padres y pediatras coinciden en que una relación ideal está basada en la confianza, el respeto mutuo y el sentido común. Los papás precisan confiar en ese profesional al que le entregan su mayor tesoro: sus hijos, pero el médico también necesita contar con la certeza que cuidarán al paciente y cumplirán los eventuales tratamientos. 

En esta relación fundamental pueden surgir inconvenientes. Los pediatras consultados coinciden que un punto de desencuentro es cuando las familias minimizan el control de salud y se cree que solo es “pesarlo y medirlo” sin valorar que en esas consultas es donde el médico observa y previene situaciones de riesgo. También cuando algunas familias olvidan o evaden los estudios de control por considerarlos intrascendentes. “Cuando mis hijos eran bebés fui muy rigurosa con los controles periódicos, pero a medida que crecieron me comencé a relajar y solo los llevaba para el apto físico del colegio. La pediatra me explicó el riesgo de mi actitud ya que como dice el dicho ‘prevenir es curar’”, reconocé Inés Fernández, docente y mamá de Kiara y Francisco.

El sentido común también es imprescindible, cuando falta surgen las preguntas innecesarias, con su probable falta de respuesta. Con el avance de las tecnologías otro gran problema es la invasión a la privacidad del pediatra fuera del horario de atención por cuestiones que pueden esperar porque no implica riesgo para el paciente.

Una ayuda que muchas veces se convierte en un problema son las consultas médicas, por Whatsapp. Se calcula que al final del día un pediatra recibe cerca de 50 mensajes de pacientes en su celular. El fastidio comienza cuando el uso se convierte en abuso y por ejemplo, se lo emplea para consultas insólitas estilo “¿Me recordás si mañana tenía turno?”, se mandan audios interminables o de toses, se envían fotos de dudosa definición preguntando qué puede ser esa erupción o se consulta algo que es una decisión familiar y no del pediatra estilo “Tiene un cumple y la semana pasada tuvo fiebre, ¿lo llevo?”. También están los papás que no respetan horarios de descanso ni feriados. En algunos casos ocurre que con tantas llamadas innecesarias, la real no se responde. 

No hay que olvidar que las consultas por Watsapp muchas veces también van en contra del trabajo del médico ya que no se abonan. Esta preocupación se notó en una encuesta realizada por la Sociedad Argentina de Pediatría donde el 60% de los profesionales consultados afirmó que ” las consultas no presenciales realizadas por email, teléfono, mensajes de texto, Whatsapp, etc deberían ser pagas.

A pesar de estos “chispazos” los pediatras aseguran que con la mayoría de las familias es un placer trabajar. Para festejar este día compartimos un video sobre el pediatra ideal que nos generará una sonrisa

@carestino

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♬ Bow – Reyn Hartley
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