La llegada del primer hijo es una etapa nueva y maravillosa pero también puede generar temores desconocidos.

Convertirse en mamá es una de las experiencias más transformadoras, únicas e irrepetibles que puede vivir una mujer: con la llegada de un hijo, nace también una mamá. La llegada de un nuevo ser a nuestras vidas hace que afloren diversas emociones pero también dudas acerca de cómo será esta nueva etapa tan hermosa como “aterradora”. María Laura Lezaeta, licenciada en psicología, nos invita a reflexionar sobre miedos, emociones y vivencias.

“La incertidumbre que genera lo nuevo y lo desconocido, como lo es el primer encuentro con nuestro bebé, puede ser vivido de muchas maneras para cada mujer, según la historia personal, pasada, presente y futura de cada una. En algunos casos, dicho momento será transitado como una experiencia llena de una emoción inmensurable y en otros, será vivido con muchas dudas y temores que girarán en torno a este nuevo rol que es el de ser madre. Y quizás el momento donde el miedo sea el mayor “protagonista” es cuando llegamos por primera vez a nuestros hogares con nuestros bebés, sin la presencia de las enfermeras y del equipo de salud que nos acompañó días previos, y nos encontramos con el gran desafío de comenzar la hermosa, pero compleja, aventura de cuidarlos: atender y responder en sintonía a sus necesidades tanto físicas como afectivas. 

Es en ese momento donde puede llegar a aparecer el miedo a “no saber que hacer” o a “no poder estar a la altura” de las circunstancias. Este miedo es vivido la mayoría de las veces como algo “negativo”, que invade nuestra mente y cuerpo provocando que aparezcan pensamientos y preguntas tales como: ¿Qué me está pasando?¿No debería estar feliz, en lugar de estar asustada?

Es importante entonces comprender que el miedo, al igual que el resto de las emociones, viene a ser una especie de brújula interna que nos guía en el camino de comprender que nos sucede y entender nuestro entorno. En ese sentido, podríamos en vez juzgarnos por sentir dichos temores, abrazarlos y escucharlos. ¿De qué manera? Una forma podría ser comprendiendo que dicha emoción nos permite estar atentas para poder evaluar nuestro entorno, para poder brindarles la protección y seguridad que nuestros bebés necesitan. 

 Cuando vemos al miedo no como un “enemigo” sino como un “aliado”, podremos transitar este camino de la maternidad comprendiendo que en este proceso de constantes aprendizajes, siendo uno de ellos es el de conocer en todo los aspectos y sentidos a  un nuevo ser que llega a nuestras vidas, y ahí todas las emociones son válidas. En ese trayecto, iremos descubriendo y “ganando” confianza, cuando observemos que nuestros bebés van creciendo y desarrollándose rodeados del contacto y el amor que les brindamos, cuando disfrutemos de cada nuevo paso y avance que den en su crecimiento. Y nuestro entorno cumplirá también un rol fundamental: la escucha empática y la contención que recibamos de nuestra pareja, amigos y familiares resultará indispensable para poder transitar la maternidad acompañadas. 

 Cada experiencia entonces será distinta para cada mujer; ninguna será “mejor” que otra, sino diferentes. Todas serán válidas, ya que cada maternidad es única, irrepetible e incomparable.Lic. María Laura Lezaeta es Psicóloga infantil, y co-fundadora de JUEGOlogía, donde desde hace varios años equipan a profesionales de la salud y padres con herramientas lúdicas y terapéuticas para trabajar diferentes áreas cognitivas, emocionales y sociales en niños. www.psicologiadidactica.com / @juegologia

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