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Cuando aparece parece el enemigo. Sin embargo, a no alarmarse puede ser una aliada actuando como mecanismo defensivo.

Nuestro niño está perfecto y de pronto lo notamos decaído y “calentito”. Buscamos el termómetro que confirma nuestros temores: tiene unas líneas de fiebre. Pero a no preocuparse la mayoría de las veces es inofensiva. La fiebre es un amigo actuando como mecanismo defensivo. Por eso, cuando aparece hay que estar atentos. Consultamos con la pediatra Verónica de Toro (MN 138.175) quien nos contestó estas preguntas.

¿Qué es la fiebre?

La fiebre es una respuesta adaptativa del organismo como parte de una reacción de fase aguda del sistema inmunológico. Podríamos decir que es una de las formas que utiliza nuestro cuerpo para dar batalla a diferentes patógenos.

¿Por qué se produce?

Es un proceso de regulación térmica controlado por el sistema nervioso central, más específicamente, el hipotálamo. Este registra la circulación de moléculas llamadas pirógenos, que aparecen en presencia de una infección y eleva la temperatura. Las causas para que aparezca pueden ser bacterianas, virales o por otros factores externos.

¿Cuándo se considera que un bebé tiene fiebre?

Se considera fiebre al registro de temperatura corporal mayor o igual a 38°C. La mayoría de los chicos cursan la fiebre decaídos o somnolientos, con las mejillas enrojecidas. Pero también puede existir que cursen el registro febril con una excitación inusual, algo se da con más frecuencia entre las edades de 5 a 10 años.

¿Cuándo debe ser controlado por el pediatra?

Cuando un niño tiene fiebre, deben tenerse en cuenta ciertas “pautas de alarma” como: edad menor de 3 meses, mal estado general, postración llamativa, llanto inconsolable o irritabilidad, dificultad respiratoria, manchas en la piel (petequias), dificultas para despertar, confusión, convulsiones, enfermedades preexistentes. De existir alguna de éstas, es una urgencia consultar en la guardia.

Por otro lado, en niños mayores de 3 meses, puede ir controlándose la curva febril, observar la aparición de otros síntomas asociados y establecer contacto con el pediatra de cabecera para evaluar cada caso en particular.

¿Qué hacer cuando hay fiebre?

Ante un registro febril, se puede administrar antitérmico (a la dosis indicada por el pediatra) para mejorar los síntomas acompañantes, como: cefalea, decaimiento, dolores musculares, falta de apetito, somnolencia.

No hay evidencia científica que avale la eficacia de los medios físicos como baños o paños fríos para bajar la fiebre. Lo que sí es sabido, es que aumentan la incomodidad de los pacientes. La utilización de los mismos debería adecuarse al estado del niño, si tiene sensación de frio (generalmente en la curva de ascenso) debe abrigarse y si esta transpirado o siente calor, sería adecuado refrescarlo.Las medidas generales que deben tenerse en cuenta son: adecuada hidratación, alimentación liviana y saludable, ambiente ventilado y agradable, actividades tranquilas y mucha mucha paciencia.

No a los termómetros de mercurio
Hasta la década del 80 era frecuente tomar la fiebre con unos aparatos de vidrio con una punta metálica que contenía mercurio. Fue justamente el mercurio el que los sacó de circulación. Este material se considera peligroso para la salud. Es altamente tóxico sobre todo cuando se inhalan sus vapores y puede provocar daños neurológicos, renales y digestivos.  Cuando un termómetro de mercurio se rompe, cabe la posibilidad de inhalar esos gases que se producen al evaporarse. Por eso, los termómetros digitales son la mejor opción. Son fiables y accesibles. Además, la mayoría trae una punta flexible para que resulte más cómodo colocarlos.

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Carestino
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