A los bebés desde que nacen podemos estimularles el lenguaje para ayudarlos a comunicarse.

Todos los bebés, apenas nacen tienen una sola forma de comunicarse: el llanto. Llorando es como expresan sus molestias o reclaman nuestra atención. Es a los dos meses cuando aparece lo que se llama la sonrisa social y las primeras producciones sonoras. En ese tiempo aparece el reconocible “ajó”. Ese primer lenguaje con el que los adultos nos comunicaremos con el bebé tiene que ver con lo afectivo, con lo que lo divierte y motiva. Algunas sugerencias y buenas ideas para estimular el habla de los bebés y entrar al maravilloso mundo del lenguaje.

1. Hablarle mucho desde el primer día, utilizando enunciados cortos acompañando las palabras con gestos de ternura, sonrisas y miradas expresivas. Esos mensajes van cargados de estímulos afectivos y verbales, y desarrollan en su cerebro las conexiones neuronales necesarias para desarrollar el habla.

2. Realizar juegos interactivos con palabras y canciones de estribillos repetitivos. 

3. Poner palabras a sus emociones, ponerle palabras a lo que quiere expresar mediante el llanto y expresiones faciales. Por ejemplo, si llora porque tiene sueño decirle: “Este nene tiene mucho sueño. Está cansado, vamos a dormir”.

4. Nombrar los objetos y personas con las que el niño interactúa frecuentemente. 

5. Cantar canciones breves i de cuna para dormir o mientras los acunamos en nuestros brazos. También se le pueden recitar versitos o leer cuentos cortos pero será a partir del año.

6. Mirar cuentos o revistas con el bebé mientras se le van nombrando los objetos cotidianos como juguetes, comidas, animales, colores.

7. Aumentar la expresividad cuando le hablemos, cantemos o leamos. Acompañar las palabras de gestos, exagerando la entonación. Una cara y una voz expresivas son muy atractivas para los bebés, al tiempo que las palabras bien pronunciadas establecen las bases del aprendizaje lingüístico.

8. Jugar con las palabras, hacer que toque nuestra garganta y los labios mientras le hablamos. Que sienta la vibración y de a poco descubra el placer de emitir sus propios sonidos. Aprovechar cualquier ocasión para hablarle. Por ejemplo, enseñarle las partes del cuerpo mientras le hacemos caricias, lo vestimos y bañamos.

9. Conversar con nuestro bebé, responderle cuando haga sus primeros sonidos, ya que estos primeros “diálogos” son muy importantes. Imitar sus sonidos para animarle a repetirlos, respetando los turnos de habla.

10. Hacer ruidos onomatopéyicos, realizar ruidos de animales asociados al animal que lo produce, así como también otras fuentes de sonido. Por ejemplo, el auto será “brrrr” y ante la caída de un objeto “oh oh”. 

11. Utilizar palabras cortas para dirigirnos al bebé. De 1 o 2 sílabas, como “vení”, “tomá”. Casi siempre las mismas, de una manera clara y exagerando la entonación e ir aumentando el número de palabras para ampliar su vocabulario.

12. Reducir el uso de pantallas. Jugar mucho con nuestro bebé. Las pantallas atrapan pero no interactúan y sobre todo, no son capaces de acompañar el sonido y la imagen con una mirada amorosa y unos brazos que acunan.

Con el asesoramiento de María Mercedes Villambrosa, Licenciada en  fonoaudióloga, M.N. 8412


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