Se acabó la licencia por maternidad y muchas mamás deben volver a trabajar. Surge una pregunta que a veces angustia ¿quién cuida a los chicos?

Después de los intensos momentos vividos durante embarazo y el nacimiento de nuestro bebé, inevitablemente llegará una decisión que, según como se la encare, puede resultar compleja: el momento de dejar a nuestro hijo al cuidado de otra persona. 

Décadas atrás era casi impensable que una mujer no fuera otra cosa que “ama de casa”. A la salida del Jardín solo se veían mamás que esperaban a sus hijos. Hoy son mayoría los abuelos y las niñeras que pasan a buscar a nietos y niños. Cuando una mujer que trabaja da a luz tiene -según los ámbitos laborales- entre cuarenta y cinco y noventa días de licencia, después llegan las dudas ¿Con quién dejo a mi bebé? ¿Qué será lo mejor: los abuelos, una persona contratada, una Jardín maternal?

La mayoría de los especialistas coinciden en que, hasta los dos años, el niño que permanece en su casa bien atendido por un cuidador cuenta con varias ventajas: puede llevar un ritmo de vida más relajado y uniforme, no tiene necesidad de madrugar, cambiar de ambiente o alterar en exceso sus rutinas, no se ve obligado prematuramente a tener que distinguir entre varias personas de referencia (maestra, mamá, abuela, etc) y en el caso de los Jardines maternales, no tendrá que “luchar” con otros bebés por la atención de sus cuidadores”, afirma  María Victoria Valle, licenciada en Psicología (UBA).

Pero muchas veces lo real se impone sobre lo ideal: las mujeres necesitan trabajar y no solo por realización personal sino también porque muchas veces su sueldo es indispensable para mantener el hogar. En ese caso las opciones más comunes son: la familia –en especial los abuelos-, el Jardín Maternal o una persona contratada.

Los “abupapás”

Suelen ser la primera opción. Primero porque brindan la tranquilidad de que nadie cuidará y amará a los chicos como ellos. Para muchos abuelos, es la oportunidad de no repetir los errores que cometieron en la crianza de sus propios hijos y es un “volver a nacer”. Se sienten útiles, queridos y respetados. Sin embargo, a veces surgen conflictos. Un dicho popular asegura que “a los hijos se los cría y a los nietos se los malcría”. La mamá que no permitía tomar gaseosa en la hora del almuerzo es la abuela que tiene la heladera repleta de colas para que beban los nietos. “En algunas situaciones –asegura Valle- se complica realizar acuerdos porque las diferencias generacionales se acentuaron, ahora los cambios son más vertiginosos. Los abuelos aplican lo sabido por su experiencia y les cuesta entender los criterios de sus hijos. Ante diferencias de criterio en la crianza, si las relaciones no son fluidas, el vínculo se deteriora y los padres como hijos no disfrutan de la relación con sus propios padres. Además se coloca a los chicos en medio de conflictos que perciben pero no terminan de comprender”. Por eso, lo mejor es siempre recurrir al diálogo para ver qué se puede mejorar, que negociar y qué simplemente, aceptar.

El Jardín Maternal

Muchas veces el abuelo no puede ayudar a cuidar al nieto. Noelia Ramírez, bancaria es mamá de Emiliano y Florencia. “Por razones de salud mi mamá no pudo seguir dándome una mano con los chicos. Decidí buscar un Jardín Maternal por la seguridad que me brinda una institución. Además mis hijos encontraron un espacio donde socializan y se hacen más independientes”. Cuando los Jardines maternales son instituciones serias brindan una gran contención a la familia. Los chicos aprenden a compartir, esperar y respetar, comienzan a relacionarse con sus pares y adquieren hábitos de autonomía personal.

Una desventaja que señalan los pediatras es que suelen ser un lugar de propicio para el contagio de enfermedades. Algunas mamás no pueden faltar al trabajo mandan al nene con un resfrío y se contagia toda una salita.

 “La etapa menos conveniente para el ingreso al Maternal es entre los 8 y los 18 meses –explica la licenciada Valle-. Esto no quiere decir que no se pueda dar pero es un período delicado en cuanto a la consciencia que tiene el niño de la presencia o no del adulto referente: aún no sabe distinguir entre un abandono definitivo y uno temporal. Cada vez que lo dejan en el Jardín piensa que jamás van a volver, de ahí su desconsuelo, y aunque luego regresen por él, el pequeño tardará bastante tiempo en darse cuenta y asumirlo”

La niñera

Es la decisión que los padres suelen evaluar con más reparos. Algunas familias de alto poder adquisitivo contratan estudiantes universitarias para dedicarse exclusivamente al cuidado de los chicos. Sin embargo, es una opción cara y a la que pocos pueden acceder. Muchas veces la misma persona que realiza las tareas de la casa se encarga de cuidar a los chicos, pero hay que tener en cuenta que alguien eficiente para el orden no siempre puede darse “maña” o tener paciencia con un niño. También suele suceder que dedican más tiempo a los chicos y menos a las tareas doméstica lo que provoca chisporroteos entre ambas partes. En ese caso, hay que ver como se relacionan los chicos con la persona a cargo y no atarse a nadie solo por compromiso o costumbre.

Valle concluye: “La decisión del cuidado de nuestro hijo siempre es difícil, pero es un aprendizaje que nos enseña que en la vida existen momentos de estar juntos y de separación para volver a encontrarse”.

Para orientar la elección

Es necesario tener en cuenta la relación de la mamá con la abuela cuidadora, si es el primer nieto que cuida y la edad de los abuelos. Además evaluar si existen problemas de salud, inherentes a su edad, que puedan complicar la tarea.
Según mi criterio la mejor combinación es la de un Jardín Maternal y la de una ocasional o regular estadía en la casa de los abuelos. Una o dos veces por semana es una forma de hacerlos sentir bien, pero sin recargarlos de responsabilidades.
Es preferible que los chicos se queden en la casa de los abuelos porque es en el ámbito donde los mayores se sienten cómodos y donde los chicos los van a conocer mejor y valorar su forma de vivir.
En caso de las personas contratadas observar como se relaciona con el niño y no dudar en prescindir de sus servicios si el “instinto maternal” dice que algo falla.
Confiarle un hijo a otra persona es un pequeño duelo que ayuda a los padres a dejarlos crecer en libertad pero asegurándoles que siempre van a estar cuando los necesiten.

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