Si estás embarazada ya habrás notado que en cada consulta médica el obstetra controla tu presión, incluso si nunca tuviste trastornos de ese tipo. Es que el embarazo revoluciona más que las hormonas, también produce cambios cardiovasculares, los cuales suelen manifestarse a partir de la semana 20 de gestación.

A partir de esa etapa, “el gasto cardíaco se duplica, la frecuencia cardíaca se eleva y la presión empieza a subir, entonces este puede ser el momento donde las cardiopatías comienzan a hacerse evidentes”, cuenta la Dra. Analía Aquieri, médica de la División Cardiología del Hospital de Clínicas José de San Martín.

Es en ese momento cuando puede desencadenarse la “hipertensión gestacional”, que como indica su nombre, afecta solo a las embarazadas y desaparece una vez que nace el bebé.

Muchas veces ese aumento es moderado y controlable, pero también puede presentarse en forma aguda y traer complicaciones serias, como la desaceleración en el crecimiento del feto y parto prematuro.

Las cifras muestran que cada vez son más las embarazadas que sufren de trastornos hipertensivos. Hasta 2009, solo afectaba al 13% de los embarazos y en la actualidad supera el 16%. “Este aumento es debido a la edad avanzada de la madre, lo que generalmente va de la mano con mayores niveles de obesidad, diabetes, etc. (…) Hoy, a los 45 años, con un tratamiento de fertilidad una mujer puede quedar embarazada, pero el riesgo cardiovascular es mucho mayor que a los 23 años”, explica Aquieri.

Aunque con el nacimiento del bebé, la presión alta desaparezca es necesario seguir un control tras el parto, ya que “aquellas mujeres que durante el embarazo sufren de hipertensión, eclampsia o preeclampsia, incrementan varias veces el riesgo de tener problemas cardiovasculares en la edad adulta mayor”, señala la Dra. Lucía Kazelian, médica cardióloga, integrante del Grupo Corazón y Mujer de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Otro caso es el de las mujeres que ya padecen hipertensión crónica previa al embarazo, algo que es más común a partir de los 40 años; en esos casos, se requerirá también el seguimiento de un cardiólogo para que indique qué medicación se puede utilizar para controlar la hipertensión (la mayoría de ellos están permitidos, pero otros pueden afectar el desarrollo del bebé o provocar la disminución del líquido amniótico).

Además, si sos hipertensa y estás buscando un bebé, es recomendable tener una visita previa con el especialista para que te aconseje cómo podés ayudar a disminuirla de manera natural: bajar de peso, realizar actividad física y disminuir el colesterol, entre otras medidas, pueden ser de gran ayuda.

En cualquier caso, y más allá de los controles prenatales, hay pautas de alarma que pueden indicar la presencia de un trastorno hipertensivo como la visión borrosa, el dolor de cabeza agudo y la ausencia de movimientos del bebé.

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