Convertirse en el hermano o la hermana mayor, dejar de ser el “rey” de la casa es un proceso que duele. Por ello, hay que preparar a los chicos con mucha paciencia y amor.

Recibir la noticia de la llegada de un hermanito suele ser una situación que provoque un verdadero “terremoto” en la vida del hasta entonces rey o reina de la casa. Es que a ningún niño le gusta la idea de compartir a sus papás con otro. Si bien con el tiempo la mayoría de los hermanos logran convivir de manera armoniosa y estar contentos de tenerse el uno al otro asimilar el nacimiento de un nuevo hermano es un proceso complejo.

“La llegada un nuevo hermano, desvía la mirada de los padres del otro u otros hijos. Constituye una gran oportunidad para que se produzca la imprescindible separación entre padres e hijos, esa que nos inicia en el camino de la autonomía”, explica María Julia Fava, psicoanalista y docente adscripta de la Universidad de Morón y sigue: “Los chicos necesitan tanto del amor y los cuidados de los papás, como del espacio, la distancia para que puedan aprender a manejarse; lo cual, si están lo suficientemente afirmados, constituye un excelente punto de partida hacia la construcción de su personita y su mundo”. 

Los chicos perciben muy tempranamente la existencia de algo que reviste el interés de sus papás de un modo único, es bastante conocido el hecho de que “saben” del embarazo de sus mamás, antes de que se los digan. Imaginan a ese otro a su “imagen y semejanza” y saben que eso tendrá consecuencias en sus vidas.. La periodista Federica Pais suele contar una anécdota. Cuando nació su hermana, Ernestina cuatro años menor, los primeros días la ignoró. Un día la alzó en sus brazos, se acercó a la ventana del departamento donde vivían y preguntó: “¿La podemos tirar?”. Es que a ese otro ser se dirige el amor, y también las rivalidades, las envidias y los celos. 

Ante esto qué podemos hacer como padres. Fava da algunas pistas: “Continuar criando a cada uno, con sus diferencias, es la cuestión. Porque, lejos del ideal de ‘querer a todos los hijos por igual’, se los quiere radicalmente diferente a cada uno. Porque son únicos y distintos. Afirmar este lugar, el de cada cual, así como el poder brindar alguna información de lo que está sucediendo durante el embarazo y anticipar algo de lo que es posible esperar, sobre todo en los primeros tiempos de un nuevo bebé en  casa, puede ayudar a  dar alguna forma menos hostil a lo que, por estructura, constituye la primera experiencia de la presencia de ‘los otros’ en la vida. Los hermanos, una escuela para aprender el valor de los pares, tanto como la rivalidad y la competencia en la vida”.

Preparando la llegada

Algunas “puntas” que pueden ayudar a hablar del futuro hermanito cuando el mayor tiene solo dos o tres años.

  • Dale la noticia en forma objetiva y veraz, no tratar de forzar su alegría. Saber que tiene que acostumbrarse a la idea poco a poco.
  • En la medida de lo posible realizar todos los cambios en la vida del mayor lo más pronto que se pueda, de manera que, por ejemplo, el paso de la cuna a la cama, el ingreso a la guardería no sucedan al mismo tiempo que la llegada del bebé.
  • Pedirle que nos ayude en la preparación de la ropa o del espacio para el bebé. No esperar que nos ceda sin problemas su cuna o su ropa.
  • Es conveniente ponerlo pronto en contacto con la persona que lo cuidará durante la permanencia de su mamá en la clínica. Si se trata de los abuelos u otro familiar habrá que intensificar las visitas.
  • Hablarle de cuando era bebé. Enseñarle fotos y contarle anécdotas de ese momento. Ayudarlo a comprender lo indefensos que son los recién nacidos.
  • No decirle que tendrá un hermanito “para jugar”. Pasará mucho tiempo hasta que eso sea posible.
  • Despedirse cuando los papás vayan a la clínica aunque haya que despertarlo.
  • Intensificar las visitas a familiares y amigos que tienen dos o más hijos para que el propio vea que tener hermanos es natural.
  • Anunciarle el acontecimiento alrededor del cuarto mes de embarazo, cuando la panza de la mamá ya está crecida y la idea de un futuro hermanito es una realidad palpable.
Carestino
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