Para los bebés mover las manos es mucho más que un juego.

“Qué linda manito que tengo yo” es una de las canciones infantiles que casi todos los papás alguna vez le cantamos o le cantaremos a nuestros bebés. Es que a partir de los tres y cuatro meses un día notamos cómo el bebé descubre sus dedos y es capaz de quedarse un largo rato jugando con ellos.  Pueda pasar varios minutos moviendo y observando sus manos, comienza a chuparlas, las agita cuando ve algo que le gusta y las separa y las junta varias veces. Sus manos se convierten en un maravilloso juguete.

Estas actividades aparentemente tan sencillas son un gran paso en el desarrollo. El bebé comienza a percibirse como un ser distinto. Además comienza a tener más control sobre sus movimientos. Si le tocamos la mano con un objeto que despierta su interés tratará de alcanzarlo. “Alcanzar y transferir objetos, y metérselos en la boca para explorarlos, será parte vital del aprendizaje. Jugará con la mano tocándosela con la otra. Si tiene un gimnasio de juguetes, trabajará explorándolo largo rato” se detalla en “Su hijo”, la guía de Berry Brazelton, profesor de Pediatría en la Universidad de Harvard.

Está comprobado además que los juegos que el bebé hace con sus manos como tocar, soltar, apretar, tienen una influencia decisiva en el aprendizaje del habla. Esto ocurre porque en el cerebro los centros de la habilidad manual y del habla se encuentran muy juntos y su desarrollo aconteces casi a la par.

Algunas ideas para estimular y acompañar este tiempo del bebé, pero siempre sin abrumarlo ni cansarlo. 

  • Facilitarle objetos con distintas texturas para que los palpe y perciba sus diferencias.
  • Realizar masajes suaves y cosquillas.
  • Dejarlo jugar, bajo cuidado del adulto, con masa, azúcar o harina. También manipular crema de afeitar o pintura de dedos que le permiten incorporar nuevas experiencias.
  • Tocar sus manos con plumas, dejar que arrugue papeles o acariciar el pelo sedoso de una mascota les servirá para descubrir que hay texturas ásperas, rugosas, sedosas, etc.
  • Cantar canciones con movimientos de manos o el clásico relato “este puso un huevito, este puso la sal…”
  • Facilitarle libros y juguetes con textura. También mantas para jugar en el suelo y ayudarlos a descubrir “un nuevo mundo”.

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Carestino
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