Les ofrecemos galletitas, budín y alguna fruta pero ellos lo rechazan y sonríen felices de poder comer ¡arena!

Día de playa, llevamos todo lo necesario para que nuestro bebé la pase genial. Del bolso sacamos palita, balde y rastrillo para que se divierta cerquita del mar. Pero apenas lo sentamos en la arena, se llena la mano con ella y con su mejor sonrisa se la lleva a la boca. ¿Qué hacer? ¿Puede ser peligroso? ¿Le hará mal? Estas y otras preguntas pueden surgir cuando un niño pequeño cree que la arena es un manjar digno del mejor restaurant. Si uno le indica “no” su carita hará un terrible puchero. Comer arena, algo que ningún adulto haría a ellos les parece genial.

“Desde el nacimiento y hasta cerca de los 18 meses, los niños exploran y conocen su mundo a través de la boca, etapa que se conoce como fase oral del desarrollo. Por esto, es muy común ver que todo lo que tengan a su alcance, tarde o temprano terminará en su boca”, nos explica Verónica de Toro, pediatra (MN 138.175).

Se sabe que los niños disfrutan mucho de jugar con arena. No solo en la playa, también en un parque o en el arenero de la plaza. Es frecuente que, al ratito de sentarse y enterrar sus manos en la arena y de ahí directo a la boca. Algunos disfrutan masticando granos de arena, pero otros sienten asco y lloran para pedir ayuda, pero cuando creemos que ya está, que no lo hará más vuelven a intentarlo. 

“A medida que crecen, se supera esta etapa del desarrollo y dejan de hacerlo. Teniendo en cuenta esto último, si viéramos este comportamiento en un niño mayor, deberíamos consultarlo con su pediatra”, indica de Toro.

Pero ¿qué hacer cuando nuestro bebé come arena? 

De Toro señala “Cuando es ocasional y forma parte de la curiosidad del niño y la cantidad es poca, esto no genera ningún problema. Deberíamos considerarlo como un comportamiento normal y esperable. Sin embargo, si se vuelve una costumbre, puede tratarse de un trastorno conocido como pica y debe consultarse con el pediatra”. 

Para evitar problemas es necesario tomar algunas precauciones. Ante todo es muy importante asegurarnos que en la arena del lugar en donde nuestro hijo jugará no haya excrementos de animales que la contaminen, colillas de cigarrillos, piedras, alambres ni otros objetos cortantes. 

Si sabemos que nuestro hijo suele llevarse las manos y todo lo que pueda agarrar a la boca, es conveniente estar atentos para poder limpiárselas de arena antes de que lo haga. Lo mejor será contar con un recipiente con agua dulce para enjuagárselas. Es aconsejable no retarlo ya que no “entiende” qué hizo mal. Lo mejor será indicarle que no mediante el juego. Por ejemplo, señalarle varias cosas que se comen y otras que no. Todo acompañado de gestos y sonidos.

Nunca olvidemos que los niños son curiosos y descubren el mundo a través de sus sentidos, es muy enriquecedor para ellos estar en contacto con la naturaleza, jugar, explorar y sentirse libres, pero siempre acompañados y cuidados por la atenta mirada de un adulto.

Agradecemos la colaboración de la doctora Verónica de Toro para esta nota. Podés consultarla en su IG: verodetoro_pediatra

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