La lactancia parece una tarea exclusiva de las mamás. Algunas reflexiones sobre el lugar que ocupan los papás en relación a la lactancia de sus hijos e hijas. 

Estos tiempos nos acercan a modelos de familias en las que los adultos a cargo de niños se reparten derechos y obligaciones de una manera más compartida que hasta no hace muchos años atrás. Los padres acompañan hoy la crianza de sus hijos desde un lugar más presente y más consciente, formando parte de las decisiones tanto cotidianas como transcendentales de la vida de sus hijos. Ya desde el embarazo aprenden a la par de las madres sobre crianza respetuosa, sobre alimentación consciente, sobre las necesidades de los niños pequeños y también, claro, sobre lactancia materna.

La mujer lleva al bebé en el vientre y cuando este nace e inicia la vida del lado de afuera, continua en una extrema necesidad de fusión con su madre. Este recién nacido que hasta hace minutos habitaba el cuerpo que le posibilitaba la vida, sigue ahora necesitando de él para sobrevivir. El contacto y el alimento permanentes se constituyen como necesidades básicas del recién nacido y es la madre la que, mayormente, podrá satisfacerlas.

¿Y el papá? El papá tiene, en esta etapa de la vida del bebé, un rol esencialmente guardián. El padre sostiene a una mujer-madre que se partió en cuerpo y alma para recibir a otra vida con la que necesitará permanecer en íntimo contacto durante un buen tiempo. A la madre la atraviesa la marea intensa del puerperio y al padre, en alguna medida, también. Seguramente otro tipo de puerperio, no comandado por las hormonas en este caso, pero puerperio al fin. 

La paternidad ejercida desde la consciencia habilita al hombre-padre a encontrar su lugar como protector del binomio mamá-bebé. A entender que la mujer no lo ha abandonado ni que él se ha quedado afuera de ningún lado. El bebé no vino a ocupar su lugar, pero la dinámica ha cambiado y ahora hay un pequeño, sediento de leche y brazos, que está conociendo el mundo con la expectativa de no separarse del cuerpo de un ser único para él: su madre, como figura de apego principal. Puede sonar feo, porque parece que hablamos de actores principales y de reparto, pero es interesante entenderlo desde la óptica del recién llegado: la vida solo es posible si está cerca del cuerpo de la madre. Y la teta, de alguna manera, es el centro del universo de este bebé porque ahí encuentra todo lo que necesita: alimento, confort, calor y seguridad. Por eso me parece alucinante la idea de que los bebés pasan de una gestación placentaria a una gestación mamaria. Para las mujeres que desean amamantar, la teta se convierte en el vehículo regulador de prácticamente todas las necesidades del bebé.

Y es clave que el padre conozca el funcionamiento de esta dinámica para poder posibilitarla. Es común, en nuestra cultura de biberones, creer que el padre, para crear un vínculo con el bebé, necesita alimentarlo. Creo fervientemente que esto no es así. Los padres juegan, consuelan, abrazan, cantan, besan, pasean, acunan, bañan, aman. Lo único que no pueden hacer es alimentar con leche fabricada por su cuerpo. Pero el bebé está prendido todo el día a la teta.

 ¿Qué pueden hacer entonces? Pueden permitir que esto ocurra sin interferencias. Pueden cuidar de la madre que se ocupa de nutrir y sostener al bebé o procurar la ayuda necesaria para que la mujer pueda dedicarse al bebé en los primeros tiempos. Pueden acompañar a su pareja en el deseo de llevar adelante la lactancia. Pueden no boicotear, no presionar, no juzgar. Pueden alentar y confiar. Pueden proteger a la díada de cualquiera que quiera entrometerse donde no lo llaman y que se crea con el derecho a opinar sobre la crianza de niños que no son los suyos.

Al final, lo único que los padres no pueden hacer es gestar, parir y amamantar, pero sí pueden compartir todos los demás aspectos de la crianza y de la vida de sus hijos. La etapa de lactancia y de fusión mamá-bebé dura demasiado poco en comparación con el tiempo que padres e hijos compartirán a lo largo de los años. Y conociendo la importancia de la lactancia para la salud presente y futura de estos niños, ojalá los padres y la sociedad toda pudiera respetar y proteger esta etapa fundacional en la vida de las personas.

Celebro la paternidad consciente, a los hombres que se indagan, que bucean en su propia historia para desactivar mecanismos del pasado y evitar reproducirlos ahora que les toca criar. Celebro que se permitan resignificar todo lo que sea necesario a partir de la llegada de los hijos. Celebro también a los padres que crían solos, por circunstancia o elección, y a las parejas de hombres que eligen transitar el camino de la paternidad. Ahí faltará la teta, pero que nunca falte el amor, la entrega y la incondicionalidad hacia los hijos. A todos ustedes, ¡Feliz día!

Por Vanina Schoijett, puericultora y tutora docente de ACADP (Asoc. C. Arg. de Puericultura) @acadparg

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