Algunos bebés lo aceptan y otros no. Algunas familias lo usan y otras prefieren evitarlo. Orientaciones para tener en cuenta.

Los que hace algunas décadas atrás fueron niños, seguramente recuerdan “El show de Carlitos Balá”. El programa era furor entre los chicos. Uno de los momentos favoritos era el “chupetómetro”, un recipiente enorme donde decenas de chicos se animaban a dejar sus chupetes. Es que el uso del chupete para muchos puede presentar un gran dilema. Por un lado, calma la ansiedad y el dolor en los niños pero su uso prolongado hasta los 3 o 4 años puede provocar deformaciones en el paladar y el arco dentario. Consultamos con Federico Díaz, pediatra (MP 232337) que nos orientó.

“Primero tenemos que dividir entre bebés prematuros y nacidos a término. Los primeros, sobre todo los que nacieron antes de las 35 semanas, en muchos lugares utilizan el chupete como método para ir ejercitando y entrenando la succión para el momento en el que pueda tomar el pecho en forma adecuada. En los bebés nacidos a término esto no está recomendado. Lo ideal es que arranquen con la succión del pecho, lleguen a la técnica adecuada y recién entonces comiencen a utilizar el chupete.

El chupete ayuda a calmar a los bebés. Esto ocurre porque al succionar se calman. Muchas veces pueden estar incómodos por alguna razón (frío, calor, porque se hicieron pis) y al ponerlo en el pecho se calma. Lo mismo ocurre con el chupete. La succión hace que se calmen.

El chupete los ayuda a dormir, los serena y ayuda a conciliar el sueño. Además está comprobado y estudiado que reduce el riesgo de muerte súbita durante el sueño. Esto implica que es una buena práctica dejarles el chupete mientras duermen.

La pregunta es ¿cuánto tiempo tienen que usarlo? En el primer año de vida les da muchos beneficios. Del año a los dos años hay que buscar otras técnicas para ayudar a calmarlos. Si están todo el día con el chupete en la boca se genera un hábito que hace más difícil sacárselo. Insisto que se deben buscar manera de calmarlo, así el chupete pasa a un segundo plano y es más fácil retirarlo.

Es muy importante no agregarle nada en la tetina como azúcar y mucho menos, miel porque esto puede generar enfermedades.

Cuál es el que se debe elegir. Hay diversas variantes. Se debe buscar la que se adapte mejor a cada bebé, el chupete que él mejor acepte. Es muy importante que tenga los agujeritos a los costados en el plástico y no contenga ningún elemento pequeño en particular en la cadenita que lo sostiene. Lo ideal es una cinta que se abroche a la ropa ya que si tiene eslabones pueden ser llevados a la boca.

Lo aconsejable es no usar el chupete más allá de los dos años por todos los inconvenientes que pueden traer en la parte de la dentición y mandibular.

Los chupetes que en general se recomiendan son los de silicona o látex, con forma anatómica. Los de látex son más blandos pero se gastan con más facilidad. Es importante lavarlos seguido con agua y jabón y si secae, jamás “limpiarlo” pasándolo por la boca del adulto. Es importante cerciorarse cada tanto que no esté roto ni tenga partes flojas. Sus piezas deben estar unidas con la suficiente resistencia como para que no puedan romperse o separarse entre sí y los bordes deben ser redondeados para evitar cortes o heridas.

Cuando los papás quieran incentivar que el niño vaya dejando el chupete, no será bueno hacerlo desaparecer de golpe sin explicación alguna. Es muy importante hablar con él sobre la decisión de ir abandonándolo. Espaciar su uso hasta solo se utilice para dormir. Una buena idea es realizar alguna ceremonia de despedida del chupete. Por ejemplo dárselo a algún bebé, dejarlo en una caja de “recuerdos”. Porque aunque ya no existen chupetómetros sí se puede dejar el chupete sin que eso se convierta en un hecho que provoque más penas que sonrisas.Para más información podés escribirle en su cuenta de Instagram @elpediatra_fede

Carestino
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