En los últimos años se comenzó a hablar de estes trastorno que muchas mujeres atraviesan después de dar a luz.

Por décadas libros, revistas y culebrones nos mostraron una maternidad “romantizada”; mujeres que a horas de dar a luz estaban espléndidas y parían bebés que jamás lloraban, dormían plácidamente y se alimentaban sin problemas. Sin embargo, la maternidad real suele ser bien diferente. Con la llegada del recién nacido se experimenta entusiasmo y alegría pero también miedo, ansiedad; sensaciones que duran unas semanas.  Pero muchas mujeres se sienten invadidas por una sensación de profunda tristeza que se alarga mucho en el tiempo es la llamada depresión post parto. 

Varias actrices consagradas se animaron a contar cómo se sintieron afectadas. “Cuando mi hijo, Moisés, vino al mundo en 2006, esperaba tener un período de euforia después de su nacimiento,” narró Gwyneth Paltrow en su sitio web, GOOP “En lugar de eso me encontré con uno de los capítulos más oscuros y más dolorosamente debilitantes de mi vida “. Brooke Shields le dedicó todo un libro a su experiencia: “Rowan lloraba todo el tiempo, y empecé a temer el momento en que mi esposo me lo traía. Siempre me había gustado cargar a los bebés de otras personas. No me sentía así con mi propio hijo”. Alanis Morissete reflexionó: “Fue un momento muy intenso, y si pudiera aconsejarle algo a alguien que lo está atravesando,es que busquen ayuda y no demoren tanto en hacerlo como yo”. La depresión post parto puede ser intensa o moderada y se calcula que afecta al 10% de las mujeres que dan a luz.  

“La depresión postparto (también conocida como depresión posnatal o DPP) es una forma de depresión que puede afectar a las mujeres hasta el año después del parto, siendo su presentación más característica antes de los tres meses después del nacimiento. Su incidencia mundial es del 15%. La mayoría de las mujeres padece la enfermedad por más de 6 meses, y si no son tratadas, un 25% puede persistir con síntomas aún al año de evolución. Además, a largo plazo, tienen mayor riesgo de recurrencia de estos episodios en embarazos subsecuentes (1:3 a 1:4), incluso más severos”, explica Bruno Panzuto, médico psiquiatra, (Matrícula: 117472)

El profesional explica que “el trastorno en la relación madre-hijo tendrá un impacto negativo, e inversamente proporcional a la duración del episodio, en el desarrollo emocional y cognitivo global (verbal, motor, perceptual, etc.) de los hijos. Los hijos de madres con DPP tienen relaciones de apego inseguro significativamente mayores que los hijos de madres sin depresión, y presentan con mayor frecuencia trastornos conductuales”. 

Los síntomas principales son:

-Tristeza o llanto persistentes.

-Disminución del interés o de la capacidad para disfrutar de casi todas las actividades.

-Cambios en los patrones de alimentación y sueño (principalmente insomnio).

-Cansancio o fatiga crónica.

-Ansiedad que puede llegar hasta los ataques de pánico.

-Sentirse abrumada, indefensa e incapaz.

-Autodesvalorización y autorreproches, generalmente relacionados con su competencia como madre con pobre percepción del rol materno.

-Dificultad, reticencia o imposibilidad de buscar ayuda y apoyo para sí misma.

-Irritabilidad.

-Problemas de atención, concentración y memoria.

-Dificultad para vincularse con el bebé.

-Sentimientos de ambivalencia hacia el hijo.

-Sobreprotección del menor.

-Dificultades en la lactancia.

-Dificultad y/o imposibilidad de cuidar al recién nacido.

-Pensamientos obsesivos y conductas compulsivas, relacionados con el hijo y con su cuidado.

-Pensamientos negativos hacia el bebé, especialmente creer que lo puede dañar.

-Sentimientos de culpa.

-Pensamientos de dañarse a sí misma o al bebé habitualmente relacionados con la ausencia de tratamiento.

Panzuto explica que “existen numerosos instrumentos de detección de la DPP entre los que se destaca la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo, escala específica para trastornos depresivos del puerperio”. 

El origen de la DPP es desconocido, si bien existen múltiples factores protectores y de riesgo asociados.

Junto a un psicólogo y el adecuado tratamiento farmacológico, la madre puede recuperarse y retomar su vida. Es importante que sepa que no está sola y hay formas de sentirse mejor. La maternidad puede disfrutarse. Simplemente será necesario pedir ayuda cuando la maternidad real agobie y saber que tanto la madre como el hijo merecen conectarse sanamente desde la felicidad y el afecto. 

Podés consultar al doctor Bruno Panzuto en Instagram: drpanzutopsiquiatra
Turnos y consultas: (011) 4517- 2566

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