Javier Kurcbart es camarógrafo de noticiero. Papá de Mina y Julia, ellas lo van guiando para ejercer una paternidad distinta en un mundo distinto.

Soy un papá grande. Tuve a Mina, mi primera hija, a los 40 años y a Julia, la segunda a los 42. Y a ambas hijas con una mujer 12 años menor que yo.

Fui criado en un ambiente típicamente machista, pero rodeado de amigas que me indicaban la igualdad de derechos.

Así que mi acercamiento a la paternidad fue decidido, amoroso, pero a los tropiezos. Es difícil salir de la norma que a uno lo forma.

De todos modos siempre tuve el deseo de ser padre, así que las dificultades fueron sobrellevadas con tenacidad y voluntad.

Cuando nació la primera de mis hijas, nos trasladaron juntos a la sala contigua de la de parto, la de neonatología. Ahí le tomaron los signos vitales, la pesaron, y midieron. Y cuando la neonatóloga la iba a bañar, le dije que quería hacerlo yo.

-No se puede. Esto lo hacemos nosotras. Me dijo seria y con cara de desconfianza.

-Es mi hija y hace 9 meses que la estoy esperando. No tengo miedo de hacerlo. Le dije decidido.

Debe haber sido el tono que usé, pero extendió sus brazos y puso a mi hija en los míos.

Mientras la bañaba sentí una felicidad que pocas veces en mi vida sentí. Una plenitud difícil de explicar.

Después vinieron un montón de primeras veces, que fui transitando con mayor o menor dificultad, pero siempre empujado por esa oleada de amor que me brota cuando estoy con ellas.

Bañarlas, cambiarlas, limpiarlas, darles de comer, ayudarlas a caminar, a andar en bici, a resolver cuentas matemáticas, a entender el mundo y a volver a entenderlo con los ojos de ellas. Y con las convicciones que ellas tienen ahora y que son parte de la cultura actual. 

Tan diferente al machismo tan típico con el que yo mismo fui criado.

Casi 12 años después sigo aprendiendo a acompañarlas.

Aprendiendo de un mundo nuevo, en el que las cosas son cada vez más justas para los diferentes géneros.

Donde los prejuicios se derrumban para dar lugar a mayor libertad, goce y disfrute.

Un camino del que ya no quiero salirme.

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