El Shantala es una antigua técnica de masajes para bebés. Ventajas y sugerencias para otra forma de contacto entre padres e hijos.

Las manos de la mamá o el papá dibujan una caricia en forma de “U” alrededor del cuerpo de su bebé: una palma sostiene la espalda y la otra, el pecho y las plantas de los pies. Este masaje que recrea con las manos el contorno del útero es el primer gesto que sugieren los expertos en Shantala para acariciar a un recién nacido. Los que lo practican y enseñan aseguran que esta suave presión le brinda al pequeño la seguridad perdida al salir de la panza de su mamá.

Este masaje no es una novedad ni un invento de los últimos años. Desde hace siglos las mujeres de la India la practican con sus hijos. Su nombre, Shantala, viene de una mamá descubierta por el pediatra y obstetra, Frédérique Leboyer, pionero del parto sin violencia, a la que vio acariciar espontáneamente a su hijo por las calles de la ciudad de Calcuta. 

Según los expertos esta técnica produce en el bebé beneficios físicos y emocionales. Por eso, se recomienda en particular para niños prematuros o hijos adoptivos ya que ayuda a construir vínculos.

La sesión de masajes puede empezar con el bebé acostado boca arriba para trabajar la zona del pecho. Estos ejercicios pueden ayudar a aliviar los cólicos de los primeros meses y además favorecen el movimiento intestinal. La técnica propone dibujar con el pulgar un círculo invisible (en el sentido de las agujas del reloj) alrededor del ombligo del bebé. Luego, flexionar sus piernas sobre su abdomen. Primero juntas y luego alternativamente, una y otra en un movimiento que se conoce como “bicicleta”.

Otro lugar es la espalda. Los masajes ayudan no solo a relajar el sistema nervioso, además fortalecen los músculos que sostienen la cabeza. Para hacerlos hay que colocar al bebé boca abajo y en posición transversal a la persona que realiza el masaje. Ubicar la mano más hábil como tope sobre la cola y con la otra acariciar y recorrer la espalda desde la nuca hacia abajo. Al terminar, sujetar los pies ligeramente elevados y con la otra frotar la espalda. Seguir con las piernas y los pies. Con los pulgares, trazar un semicírculo en la planta del pie del bebé desde el talón hasta los dedos. 

En esas noches que conciliar el sueño parece un imposible, el masaje facial es un buen recurso para ayudarlos a dormir. Para eso solo es necesario realizar con los pulgares un movimiento en semicírculo desde la base de la ceja hasta las sienes. Repetir el movimiento desde el lagrimal hacia los pómulos y las sienes. Para finalizar, recorrer con los pulgares el contorno de las orejas y terminar con caricias circulares en los lóbulos. 

Para aumentar la sensación de relajación es importante acompañar los masajes con un buen ambiente. Es aconsejable bajar la intensidad de la luz o cerrar las cortinas. Buscar una música relajante, si es necesario elevar la temperatura del ambiente ya que el bebé estará sin ropa. Por último, usar algún aceite neutro o leche de almendras para realizar el masaje. Debe realizarse en un horario que no esté cerca de la alimentación del bebé y no deben durar más de treinta minutos. Tampoco se deben realizar en caso de fiebre o erupciones en la piel.

Pero lo más importante será la conexión emocional. Porque como afirmó Frédérique Leboyer: “Ser cargados, acunados, acariciados, tocados, masajeados; cada una de estas cosas es alimento para los niños pequeños. Tan indispensable, si no más, como las vitaminas, sales minerales y proteínas.”

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