Llegó el esperado bebé, familia y amigos desean conocerlo algo que muchas veces abruma a sus padres. ¿Qué hacer?

Cuando un recién nacido llega por primera vez a la que será su casa, en general toda la familia extendida “hace fila” para conocerlo. Abuelos, tíos, primos cercanos y lejanos, sobrinos y hasta algún vecino aparecen con su mejor sonrisa para conocer al nuevo integrante de la familia. Pero lo que para algunos resulta una alegría para los papás puede parecer agobiante. “Mora fue mi primera hija, pero también primera nieta, primera sobrina, primer todo. La familia estaba desesperada por conocerla y venían. El problema es que no se iban”, recuerda entre risas Laura Monteagudo, artista plástica y sigue “por un lado entendía el amor hacia la beba pero por otro me sentía agobiada. Yo intentaba adaptarme a ese nuevo ser y por otro había un montón de gente alrededor que por un lado me llenaba de consejos y por otro, pretendían que tuviera el mismo tiempo que antes para tomar unos mates”.

Lo que le sucedió a Laura se replica en muchas familias. Algunos papás se sienten invadidos, desde el amor pero invadidos al fin. “A la conmoción que el nacimiento inaugura le sigue un tiempo de un fuerte trabajo. La llegada a casa de un bebé pone en evidencia la enorme dependencia -única en la especie- de ese ser con sus papás”, explica la psicoanalista María Julia Fava y docente adscripta de la Universidad de Morón. “Al trabajo de despedida del tiempo del embarazo, de la vida como era antes de la llegada del bebé y de los ideales que rodean ese momento, ahora se le suma el estar disponible a una demanda de cuidado y de asistencia y fundamentalmente de armado de un código en común entre el bebé y los papás. Un código que resulta primordial y básico para todo el desarrollo de ese bebé”. Fava señala que este trabajo tan prioritario requiere tiempo y disponibilidad de los papás y que no estén requeridos por otras demandas. Es así que a veces una bien intencionada visita de los familiares se transforma en un requerimiento más para esos padres que ya de por sí están requeridos. “Hay que acompañar este momento desde la prudencia del cariño pero sin la invasión que resulte una interferencia para este gran trabajo de recibir a la vida que implican los primeros días de un bebé en casa”.

Además del agobio y la demanda que pueden sentir los papás hay otro riesgo cierto. Los recién nacidos no cuentan con sus defensas inmunológicas desarrolladas y son más propensos a contagiarse de alguna enfermedad.

Para evitar inconvenientes y si se quiere visitar a un recién nacido la pediatra Lucía Sabbione (MN 141220) nos da algunas sugerencias:

Silenciar el celular.
Lavarse las manos.
Hacer una visita corta de no más de 15/ 20 minutos.
Pedir permiso para hacerle upa. También para sacarle fotos y subirlas a redes sociales.

No fumar
No ir si estás enfermo o con algún síntoma dudoso
Evitar los comentarios sobre cómo está la mamá.
No compararlo con otros bebés.
Y sobretodo no juzgar el tipo de alimentación que la mamá eligió para su hijo.

Otras sugerencias siempre bienvenidas son avisar antes de realizar la visita para evitar llegar en un momento inadecuado (por ejemplo, el del baño)

Una buena idea es llevar algún regalo o algo rico para compartir con la mamá. Muchas veces se sienten abrumadas por la maternidad y poco contenidas. “Registrarlas” ayuda mucho. Preguntarles si necesitan algo porque muchas veces en las primeras semanas no tienen tiempo de realizar compras cotidianas. Poco a poco todo se irá acomodando, al fin de cuentas ese bebé tendrá muchos felices días para compartir con todos.

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