Enseñarles a los chicos el valor del tiempo no es sencillo pero tampoco imposible. Pautas para lograr que no quieran todo ya.

Vivimos en la era de lo inmediato y del apuro, tanto que el verso de una canción dice “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”; los niños no están exentos de ese vértigo. La mayoría de los papás se encuentran varias veces diciéndole a sus hijos “esperá un poquito” cuando piden algo para ya. En el Jardín, los docentes se ponen como objetivo “que los niños aprendan a hablar esperando su turno”. Es que la paciencia y la tolerancia son valores que no vienen en el ADN sino que es necesario ir incorporando. Hablamos con la psicóloga Diana García Dilba, que nos orientó acerca de cómo lograr ayudar a nuestros hijos a incorporar la paciencia.

“Para entender bien el concepto, retrocedamos un paso y pensemos el tiempo de espera desde nuestra adultez.

Empecemos por ver qué dice la Real Academia Española sobre el verbo esperar: “Permanecer en un sitio hasta que alguien o algo llegue o hasta que algo suceda.” La definición parece obvia, pero alcanza con bajarla del diccionario a nuestra vida cotidiana y comienza a enredarse el asunto:

Pensemos en nuestros propios tiempos de espera: no tiene la misma carga emocional el tiempo de espera una fiesta que el tiempo de espera para recibir el alta si estamos internados. Inclusive ante un mismo hecho, como el tiempo de espera para nuestro cumpleaños, para algunos puede conllevar una emoción positiva y para otros, negativa. Además, puede parecer que un mismo tiempo de espera (por ejemplo, una hora) se nos pase rapidísimo (por ejemplo, cuando nos estamos divirtiendo) y, otras veces, pasa muy lento (por ejemplo, esperando ser atendidos por un trámite).

Parecería que el tiempo pasa volando o se ralentiza; o que nos hace pasar un buen momento o un mal momento. Esto sucede porque existe un tiempo cronológico (podríamos llamarlo objetivo) que es igual para todos y está gobernado por el reloj; y otro tiempo psicológico (subjetivo) relacionado con las vivencias, cultura, historia, personalidad, ciclo vital, contexto y muchos más etcéteras de cada uno de nosotros. 

Entonces, si el tiempo de espera es tan complejo para nosotros los adultos, imaginemos cuán complejo es para los niños/as. 

¿Por qué es importante enseñarles el tiempo de espera?

Muchas veces, el tiempo de espera implica a otro/a (y a los tiempos de ese otro/a). Por lo cual, para que el niño/a aprenda a esperar, tiene que aprender a observar y empatizar con ese otro/a y sus circunstancias, para poder luego comprender que los tiempos del otro/a pueden ser diferentes a los que él/ella quiere o necesita.

Cuando enseñamos a los niños/as a gestionar el tiempo de espera, les estamos enseñando consideración, respecto y amor por otras personas.

En ese aprender a respetar los tiempos de espera, los niños aprenden a auto-regularse, a ser pacientes, a tolerar la frustración y a tener su consciencia en el aquí y el ahora. 

Es muy importante recordar que los tiempos de espera son diferentes según las edades de los niños/as: a menor edad, menor tiempo de espera. No podemos pretender que un niño de 5 años espere tranquilamente el mismo tiempo que un niño de 12. Los niños/as menores de 2/3 años aún no están preparados para entender por qué deben esperar. Como adultos, es importante tener esto en cuenta y respetar los tiempos de cada edad (y de cada niño/a, más allá de su edad cronológica). 

Para comenzar a generar la noción de tiempo y de espera en niños/as pequeños (a partir de los 3 años aproximadamente) podemos utilizar la técnica del conteo: “contamos hasta 3 y te doy el juguete”. Te sugiero reforzar el conteo también con los dedos. Cuando son más grandes y comienzan a aprender los números, podemos ir agregando más números al conteo para que esperen a que suceda x cosa que quieren (por ejemplo, jugar a la pelota).

Siempre es saludable enseñarles a esperar a nuestros hijos, aunque al principio retrasarles una gratificación que venía siendo inmediata (lo pedía y lo tenía) nos depare muchos berrinches y dolores de cabeza. Enseñarles a tolerar ciertas frustraciones (por ejemplo: lo quiero ya y no lo tengo) significa también prepararlos para un futuro en el cual se enfrentarán a retrasos, postergaciones y esperas. Como toda enseñanza, lo ideal es que sea progresiva para que el niño/a la vaya asimilando a lo largo de su desarrollo.

Algunas ideas para que practiquen el tiempo de espera

. No comenzar a comer hasta que todos estén sentados a la mesa

. Cuando pide un juguete especial, explicarle que lo obtendrá en una fecha futura (en su cumpleaños, Navidad, Día del Niño, etc.) 

. Explicarle calmadamente por qué debe esperar: «Cuando termine de preparar la cena, jugaremos un rato. Si juego ahora, se quemará la comida y después no la podremos comer».

. Dar nosotros el ejemplo: demostrar que nosotros también sabemos esperar y no nos impacientamos, por ejemplo, si se retrasan en atendernos en un restaurant.

. No ceder ante una rabieta cuando pide algo y no se lo damos. Si cedemos, le estaremos enseñando que esa es la forma de obtener lo que desea. Sin perder la calma, le explicaremos nuevamente por qué debe esperar.

. Si sabemos que tendrá que pasar por una espera (por ejemplo: un viaje en auto, ser atendido por un médico, etc.) llevar un bolso con sus juguetes o juegos favoritos para que se entretenga.

. Felicitarlo siempre que haya podido esperar, por más corto que haya sido el tiempo. Nuestro reconocimiento positivo lo estimulará a repetir dicha acción.

 . Ejercitar nuestro autocontrol para no caer en la tentación de satisfacer inmediatamente cualquier deseo de nuestros hijos/as. Tampoco pretender que aprendan los tiempos de espera en unos meses. ¡Paciencia es la palabra! 

Por último, es fundamental que los adultos manejemos nuestros tiempos de espera al enseñarles a nuestros peques a manejar los suyos. Enseñar con el ejemplo es enseñar coherencia, también. No perdamos de vista que siempre hay un par de ojitos atentos, mirándonos con amor”. 

Podés consultar a la licenciada Diana García Dilba (M.N. 67.130) en

Instagram y FB: @dianagarciadilbapsicologa

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