La variedad y cantidad de juguetes es enorme. Acertar con el indicado parece una misión imposible, por eso es necesario detenerse unos instantes antes de realizar la compra.

La oferta es tan grande que abruma. Alcanza con entrar a una juguetería para encontrar estantes repletos de maravillosas propuestas. En los últimos años, la oferta de juguetes para bebés aumentó y se diversificó. Décadas atrás, solo se ofrecían sonajeros, algún muñeco peluche y no mucho más. Hoy las estanterías están repletas de propuestas variadas y con precios que van desde los económicos hasta los casi imposibles.

Ante la variedad y cantidad acertar con el juguete indicado puede parecer una misión no tan sencilla. No es solo una cuestión de presupuesto, también se trata de detenernos un minuto a pensar cuál es el adecuado a la edad, a su personalidad y sus intereses. “Mis cuñadas son tan maravillosas como generosas pero al momento de regalar a veces se excedían en el entusiasmo.  Cuando mi hijo cumplió un año, le regalaron un tentempié. Lo trajeron inflado y envuelto. Bauti al ver a ese muñeco que lo doblaba casi en altura y que se movía de un modo extraño se largó a llorar asustadísimo. Lo tuvimos que desinflar y recién se animó a volver a usarlo a los cinco años”, cuenta Inés Penerini, diseñadora gráfica y mamá de Bautista. En la misma línea, Laura Otero, cosmetóloga y madrina de Lucas cuenta lo que le pasó con su ahijado. “En una juguetería vi un sapo de goma que parecía real. Lo compré extasiada pero cuando se lo regalé a Luca salió corriendo y gritando. Ahí me enteré que le tenía terror a los sapos”. Regalar algo con buenas intenciones pero inadecuado es algo que les ocurre también a los famosos, la actriz Florencia Peña  recuerda con humor que cuando nació su primer hijo, Marley le regaló ¡un triciclo!

Las experiencias anteriores demuestran que, antes de decidir la compra es necesario tomar un momento para pensar. ¿Cuáles son los requisitos del juguete ideal?

El buen juguete es que favorece la imaginación y la iniciativa del niño.

No es el que nos gusta a nosotros sino el que le gusta a él.

El juguete mejor es aquel que lo sorprende, enriquece su imaginación y le permite participar y no ser un observador pasivo. 

La importancia del juguete no radica en lo que este es capaz de hacer, sino en lo que el niño debe realizar con él. Para esto nada mejor que recordar como en la película Toy Story, Woody le enseña a Buzz Lightyear que lo importante no son sus “poderes” sino que Andy pueda jugar.

Es imprescindible que sea adecuado a la etapa evolutiva que atraviesa.

Respetar la individualidad de cada niño. Un juguete que quizá divirtió mucho a un hijo puede resultar absolutamente indiferente para el otro.

En lo posible será mejor evitar aquellas propuestas que incentivan a la violencia o son sexistas o no solidarias.

No descartar los juguetes que nos parecen demasiado simples. A veces son los que le resultan más atractivos a los chicos.

Intentar no pasarse en la cantidad de juguetes que se compran. Un exceso de juguetes paraliza la imaginación del niño o lo abruma ante tantas opciones.

La abundancia de juguetes suele ser contraproducente. Llega un momento en que nada nuevo lo asombra, quiere más y más cosas, pide todo lo que ve para no detenerse en ninguno de los juegos que tiene. Pierde la capacidad de disfrutar los juguetes que posee y los nuevos.

Lo mejor para los niños no tiene nada que ver con el precio. Más de una familia vivió la experiencia de regalarle un objeto carísimo a su hijo y ver que luego, él prefiere jugar ¡con las cacerolas!

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