Son lugares fundamentales de los hogares, pero pueden convertirse en peligrosos. Recursos que ayudan a reducir los riesgos.

Una ventana que permite que entre a pleno la luz del sol. Un balcón que se transforma en un lugar de esparcimiento en medio del cemento de la ciudad. Todos ellos forman parte de nuestras vidas, sin embargo cuando hay un niño en casa se pueden convertir en un factor de riesgo. Las caídas desde gran altura son una de las lesiones no intencionales más frecuentes. Por curiosidad, por su escasa percepción del riesgo y por sus habilidades motrices en desarrollo, los chicos no saben que un balcón o una ventana puede ser algo potencialmente peligroso. Por eso, es importante que los adultos se encarguen de minimizar los riesgos. Estas sencillas orientaciones pueden ayudar.

-Todas las ventanas y puertas que dan a lugares de altura deben estar equipadas con trabas y cerraduras que funcionen bien. Hay que tomar el hábito de dejarlas con el cerrojo puesto. También verificar periódicamente su buen funcionamiento.

-Cerciorarse que las rejas de los balcones se encuentren en óptimas condiciones. Que su estado no permita roturas o que se salgan de su lugar. Chequear que a ningún niño le resulte posible meter la cabeza, los brazos o las piernas entre los barrotes. La distancia aconsejable no debe superar los 10 centímetros.

-No dejar en los balcones elementos como macetas o bancos que los chicos puedan usar para aumentar su altura y acceder a lugares peligrosos. En todos los ambientes, los muebles deben estar alejados de las ventanas para que los chicos no puedan arrastrarlos ni usarlos como “escalera”.

-Nunca colocar la cuna o el cambiador cerca de una ventana sin protección.

-Si balcones, terrazas o ventanas de altura no han sigo equipadas con protección, los niños jamás deben estar solos en esos lugares.

-Es recomendable colocar guardas autoadhesivas en ventanales o puertas con vidrios muy grandes. Los chicos suelen tener la sensación que no hay nada y corren el riesgo de atravesarlos al intentar pasar corriendo o jugando.

-En la medida de las posibilidades evitar la terraza como espacio de juegos. A los riesgos cotidianos se le suma la posibilidad de una caída de altura.

-Los chicos imitan a los grandes. Lo mejor es dar el ejemplo y que no nos observe asomar nuestro cuerpo por una ventana y mucho menos con un niño en brazos.

-Las redes para ventanas ofrecen una gran protección. Son resistentes, seguras, transparentes y económicas. Además se colocan fácilmente y en poco tiempo. Antes de comprarlas es necesario cerciorarse que sean adecuadas para aguantar el peso del niño.

-Cuidar que la red sea bien colocada. Si los pitones de fijación no tienen el ojal cerrado, la soga puede salirse lo que hará fallar la seguridad de todo en cerramiento.

-Asegurarse que el niño no pueda mover cerrojos y trabas. También que no pueda subir y bajar persianas.

-Y por último, la vigilancia constante de los adultos es esencial. Es cierto que puede ser cansadora, pero es parte del desafío de acompañar a los chicos y evitar situaciones de las que ya no se podrá regresar.


Asomarse con un niño al balcón, no solo es una actitud imprudente. También los incentiva a hacerlo sin tener conciencia del riesgo.
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