Gaseosas y juegos, bebidas saborizadas, agua mineral, agua con gas o simplemente la que sale de la canilla. ¿Cuál es la mejor opción para calmar la sed de niños?

En tiempo de calor y altas temperaturas los chicos y los adultos suelen sentir más sed. Ingerir la cantidad adecuada de líquido diario es imprescindible para saciarla. Pero también es fundamental para el cuerpo ya que renueva los niveles de hidratación, regula el funcionamiento adecuado de las células, favorece el transporte de nutrientes, mejora la lubricación de las articulaciones y ayuda a mantener la temperatura corporal. Sus beneficios son tantos que muchas famosas como Jennifer Aniston y Bar Rafaelli la cuentan cómo uno de los secretos de su belleza y vida saludable.

Dados sus beneficios es importante incorporar el hábito de beber agua desde pequeños. “Los hábitos alimenticios poco saludables son las causas principales de las enfermedades prevenibles en todo el mundo. Es importante incorporar buenas costumbres desde la infancia, una de ellas seria priorizar el consumo de agua potable ante las aguas saborizadas o las gaseosas” señala Moira Taicz, pediatra e integrante del equipo médico del Hospital Garrahan (MN 110979).

Cada persona tendrá distintas necesidades de hidratación según diversos factores como la edad, el sexo, el metabolismo, el nivel de actividad física que realiza y las condiciones ambientales. Estas necesidades aumentarán en las personas mayores a los 65 años, las personas que realizan mucho deporte y los niños. 

¿Qué tomo? 

Cuando acosa la sed existen múltiples opciones para enfrentarla.  Las góndolas de almacenes, kioscos y supermercados ofrecen una gran variedad de bebidas. Sin embargo, los especialistas coinciden que dentro de una alimentación saludable, de todas estas alternativas, el agua es la bebida más adecuada. Existen varias razones para esta preferencia, la doctora Taicz explica que “cuando se transpira, tomar agua es fundamental para recuperar el líquido que se perdió. Por otra parte, las gaseosas y las aguas saborizadas, contienen colorantes y aditivos que no representan ningún beneficio desde lo nutricional, y al contener azúcar, aportan las denominadas “calorías vacías” que dan saciedad sin alimentar, es decir quitan los deseos de comer, por eso se suelen recomendar en  adultos o niños con problemas de sobrepeso”. Tampoco se debe olvidar que además el agua es buena para el sistema digestivo, el filtrado renal y para eliminar toxinas.

Buenas costumbres

“Hace poco organicé el cumpleaños de mi nieto en casa. Me llamó la atención que algunos chicos me pedían tomar un vaso de agua en vez de otro de gaseosa. Me asombró mucho que la bebían con gusto y no como si fuera un remedio amargo”, cuenta todavía asombrada Laura Diciani, jubilada y abuela de Marcos. Pese a sus beneficios, incluido que suele ser la alternativa más económica y que algunos chicos logran cambiar sus hábitos de consumo, otros piden y hasta exigen que se les sirva gaseosa. En muchas familias por una cuestión de costos y variedad, las bebidas colas que hasta hace algunos años solo se bebían o servían en eventos especiales como cumpleaños o fiestas ahora las consumen a diario. Pero ¿qué consumen los argentinos? Una investigación realizada entre 15 países en el marco del XVII Congreso Latinoamericano de Nutrición indagó los hábitos de hidratación entre 16.276 adultos durante una semana, incluyendo a Argentina. Nuestro país fue uno de los que más líquido consumió por día: 2,3 litros, sin embargo solo un 0,39 (dos vasos) se trató de agua pura. Por otra parte, se calcula que los argentinos ingieren alrededor de 91,1 litros de gaseosas por año, es decir, un vaso de gaseosa al día.

Ante estos datos, Taicz señala que “debemos tener en cuenta que la mejor manera de incorporar hábitos saludables, es practicándolos nosotros como padres. Los niños aprenden de lo que escuchan pero fundamentalmente de lo que ven”.  Es importante acostumbrarlos desde pequeños a tomar agua, ofrecérselas  sin esperar que la pidan o quieran tomarla. Por ejemplo, en los días de mucho calor, proponerles beber un ‘vaso de agua fresca’, sin obligarlos pero tampoco sin darles otra opción. 

“A veces me cuesta ofrecerle a mi hijo un vaso de agua. Sé que es una opción saludable, pero siento que es una bebida aburrida será por lo que nos enseñaban en el colegio acerca de que el agua era “inodora,  incolora e ínsipida”. Sobre todo por lo de insípida suelo elegir siempre primero una bebida cola, me gusta más aunque también sé que incorporo calorías y azúcar”, cuenta Diego Capelle, abogado y papá de Sofía y Teo. Los especialistas coinciden en señalar que las gaseosas y aguas saborizadas contienen agregados de azúcares que contribuyen a una dieta rica en calorías pero pobre en nutrientes y aumentan el riego de desarrollar obesidad, enfermedad cardiovascular, hipertensión, canceres relacionados con la obesidad y caries. 

Este tipo de dieta se asocia con riesgo cardiovascular, obesidad y trastornos en el colesterol desde la infancia.  

Las gaseosas en particular, provocan distensión (o hinchazón) abdominal por lo tanto si es un niño que come poco, menos lo hará si toma gaseosa. La misma situación se extiende a las aguas saborizadas ya que dan sensación de saciedad, ocupando el lugar que deberían ocupar alimentos más saludables.  

Todas estas razones no implican un “no” rotundo a las gaseosas ni su destierro de góndolas y heladeras sino que se las debe consumir con moderación porque aunque por ahora no hay bebida más saludable que el agua pura, tampoco se puede ir contra lo socialmente aceptado, ni renunciar para siempre al placer de una refrescante bebida cola. Será cuestión de dosificar la cantidad y sobre todo, evitar tomarla todos los días. 

Agua para la sed

El agua que se consume puede ser mineral o de la canilla siempre que sea potable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los adultos beber dos litros de agua al día ya que esa es la cantidad necesaria que actúa en la generación de las células, transporta la sangre, elimina toxinas, ayuda a la digestión y a los riñones. Además, licúa la sangre y contribuye al buen funcionamiento del corazón. En los chicos de cuatro a diez años se aconsejan seis vasos por día y se aumenta si hace mucho calor. 

En cuanto a las aguas minerales es importante  controlar que sean bacteriológica y químicamente seguras. En suma, por rica, económica y saludable, el agua es la mejor opción.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no darle agua a los bebés hasta los seis meses ya que está recibiendo lactancia materna exclusiva. Al amamantar, la mamá le brinda a su bebé toda el agua que necesita, al mismo tiempo evita darle agua insegura o de potabilidad dudosa, protegiéndolo contra la diarrea.

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