No se ven, pero están. No hablan, pero se hacen escuchar. Pueden tener nombres conocidos o apodos, ser humanos o extraterrestres. Para los chicos, los amigos imaginarios, son amigos de verdad.

Dora, la mamá de Ernesto y abuela de Facundo, no pudo evitar la sonrisa cuando su hijo le contó que su nieto tenía un nuevo amigo llamado Max. Max se había convertido en un compañero inseparable de Facu: lo acompañaba en sus juegos, lo ayudaba a armar torres y hasta lo seguía en alguna travesura. Max tenía una característica que lo convertía en único: solo Facu podía verlo. Al escucharlo, Dora recordó que, muchos años atrás cuando su hijo tenía cuatro años -la edad de su nieto-, también le había presentado dos amigos: Marcos y Lucas. Al primero, Ernesto solía “invitarlo” a comer y era necesario poner un plato más en la mesa. Cuando Ernesto lograba hacer algo que le resultaba difícil, por ejemplo subir al árbol, era porque Marcos lo ayudaba. En cambio, si jugando al fútbol se rompía una maceta la culpa siempre era de Lucas. Ellos como Max, como todos los amigos imaginarios de la infancia, aunque no se ven tienen un rol fundamental en la niñez. 

“La representación, la fantasía, la posibilidad de imaginar en la infancia está al servicio de poder armar, de dar forma a la imagen de uno mismo y del mundo que nos rodea  -explica la licenciada María Julia Fava-. Así las ficciones, las películas, los dibujitos animados, los cuentos inventados por otros llaman la atención, “enganchan” a los chicos porque representan algo de sí mismos, de sus expectativas, de sus deseos, de sus anhelos”. La primera representación es la imagen que los chicos reciben de los otros. Cuando apenas pueden caminar sin tambalearse y decir sus primeras palabras, ya son -y se sienten-, el “rey” o el “sol” de la mamá y la “princesa”, la “florcita” de papá.

El amigo imaginario es un paso más. Fava explica que “alrededor de los cuatro años, cuando los chicos ya pueden disponer de potencialidades más amplias de representación, están en condiciones de comenzar a crear sus propias ficciones y sus propias fantasías. El amigo imaginario es una de las primeras posibilidades de crear algo o alguien en la medida de sus anhelos. Le doy forma a otro que me da forma a mí. Como la imagen que se proyecta en un espejo: ese no soy yo pero soy”. 

El amigo imaginario tiene que ver mucho con ellos, con cosas que les preocupan, que comparten, que les dan confianza o les inspiran miedo o dudas. Es en el que pueden proyectar algo que los inquieta en ese momento como el nacimiento de un hermanito o una mudanza. El amigo es muchas veces el que puede hacer todo lo que ellos no se atreven o que aún no saben que pueden hacer. Micaela Yallop, maestra hace quince años en un jardín público porteño, relata que es frecuente que cuando felicita a alguno de sus alumnos por una tarea, le aseguren que lo hicieron con la ayuda de un amigo que, aunque ella no puede ver, está y es tan real que lo pueden dibujar sin titubear ni vacilar. También que si debe retar a uno de los nenes por una tarea mal realizada o una norma sin cumplir, afirmen que fue su “amigo”.

“En esta etapa nos encontramos con el “juego simbólico” – señala Fava- donde hay representación de objetos, roles y situaciones; el dibujo que muestra lo que saben de la realidad (lo que puede estar más o menos alejado de lo que ven), y el lenguaje que comienza a organizarse y enriquecerse cada vez más. Así el amigo imaginario puede ser un chico, un animal, tener amigos, hermano, nombre, ser bueno o muy malo…, eso sí “hecho a medida” de sus deseos”. 

Los amigos imaginarios tienen que ver con la necesidad de confianza y acompañamiento propia de esta etapa evolutiva y brindan la posibilidad de ampliar los juegos, los dibujos, las propias representaciones. En los chicos los límites de la fantasía y la realidad no son los mismos que entre los adultos, por eso ellos tienen la certeza absoluta que ese amigo existe. Fava recuerda que “el llamado “criterio de realidad” de la infancia es diferente al de los adultos porque se encuentra en pleno proceso de constitución. Al amigo imaginario se lo hace poder, estar, decir o hacer todo lo que se quiera, con un nivel de certeza que resiste todo tipo de explicaciones adultas que podamos acercarles”. 

Con el tiempo, poco a poco, los amigos imaginarios se irán de nuestras vidas sin que duela la despedida, porque serán reemplazados por otros con defectos y virtudes, humanos y reales: los amigos del alma, los amigos de fierro.

Amigos imaginarios, situaciones reales
Es importante que los chicos cuenten con este “recurso”. No hay que alarmarse si después de un tiempo más o menos prolongado se olvidan de un “amigo” y aparece otro. 
Los amigos imaginarios son propios de la etapa evolutiva entre los tres y los cinco años y no la expresión de una carencia, por ejemplo, como no tiene hermanos o primos y se siente solo se “inventa” amigos. 
Junto con los amigos imaginarios, los chicos pueden tener amigos de verdad y disfrutar de los juegos con sus pares. Los adultos deben preguntarse qué sucede cuando el amigo imaginario reemplaza el juego con sus amigos “reales”, el interés por otras actividades o cuando ocupa el pensamiento obstruyendo la posibilidad o la motivación por los aprendizajes escolares. 
Para los nenes, el amigo imaginario, es “real”, por eso lo pueden dibujar, describir y hasta “ver” y “escuchar”. No es invisible, no es un invento, ni es de mentira es imaginario. Por eso, es necesario respetarlos cuando hablan de ellos y acompañarlos en la fantasía de su juego.  Burlarse de sus relatos, no prestarles suficiente atención o hacerles comentarios cortantes pueden generar inhibiciones y una gran falta de confianza.

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