Los objetos de apego o transicionales son muy importantes para que nuestro bebé se sienta seguro y protegido.

Un peluche, un trapito con forma de oso o una manta suavecita, cuando nuestro bebé lo sostiene notamos que se calma y además le resulta imprescindible en ciertos momentos como la hora de dormir. Son los llamados objetos de apego y resultan vitales para que esa personita comience a experimentar que es un ser independiente de sus padres.

“El bebé, en gran medida, ve y arma el mundo y a “sí mismo”, a través de sus papás”, explica María Julia Fava, psicoanalista y docente adscripta en la Universidad de Morón en la cátedra Psicología de la personalidad y sigue “Son quienes cumplen las funciones paterna y materna quienes le van permitiendo armarse como personitas separadas de ellos. La primera gran separación de su vida. A la vez, son ellos quienes le van presentando a personas y objetos diversos, y así se va ampliando el repertorio de “objetos”; eso que llamamos el mundo externo, la realidad”.

Como señala Fava, al momento del nacimiento. nuestro bebé “no sabe” que sus manos, sus pies, cada una de las partes de su cuerpo son “suyas”, así como tampoco sabe que las manos que lo acarician, los brazos que lo sujetan y acunan, el pecho que lo alimenta, no lo son. “Lo que se va a constituir como yo, separado de lo que no lo es: el exterior, los otros; no es naturalmente así, no está dado de entrada, es una trabajosa construcción”. 

En sus primeros meses, el bebé percibe ese mundo como un gran magma, un gran océano, interrumpido por experiencias fuertes, que invaden, (el dolor que indica apetito, los cólicos y las temperaturas que lo sacan de un estado de bienestar, los sonidos que ahora percibe y lo incomodan) y no tiene cómo comprender y menos satisfacer sus necesidades. “Somos la especie viviente que nace con el mayor nivel de indefensión del planeta, lo cual nos coloca en una situación de enorme dependencia de otros”. Somos los cuidadores los que les vamos enseñando a ponerle nombre a ese mundo que comienzan a descubrir. Así llamamos “hambre” cuando reclaman teta o mamadera, “molestia” por estar con el pañal mojado. Poco a poco el recién nacido incorporará las sensaciones de dolor, gusto y placer aún y también que alguien le proporciona lo necesario, para que cierto bienestar vuelva a instalarse. “En estos encuentros, que se suceden al ritmo de los necesarios desencuentros ( el tiempo entre una mamada y otra, el ratito entre que empieza a “protestar” o llorar y se lo levanta, el tiempo donde no alcanzan los mimos , masajes o posiciones para que cesen los “dolores de panza” y hasta esos tramos donde no es posible “saber qué lo pasa”)  se va construyendo un cuerpo, su cuerpo, separado del cuerpo de la mamá; el  “cuerpo propio”, como una unidad sobre la que puede ejercer cierto control”, señala Fava.

Es en las experiencias con sonidos, texturas, colores, aromas, gustos, temperaturas, recortados del universo de lo que existe, presentadas, nombradas, introducidas por estas figuras significativas y señalados así de interés; que los papás “presentamos” el universo…y cada bebé lo arma.

Fava amplia “La satisfacción de las llamadas “necesidades básicas”, alimentación, higiene, es un don   absolutamente necesario; pero coloca al bebé en el lugar de ser “objeto” de cuidados. Función absolutamente necesaria, pero insuficiente para que aparezca el potencial sujeto. Tan importante resulta donar cuidados, palabras y presencia como  distancia donde explorar  y experimentar. Habilitar un espacio “transicional”, presentado y elegido por los papás (es decir, que lleva de “su marca”, un pedacito de ellos) y a la vez separado de sus cuerpos; ver, chupar, intentar alcanzar, tomar, soltar, escuchar, oler, resulta esencial. Basta ver la alegría, las sonrisas, el interés por repetir nuevos movimientos que, lejos de ser solo eso, son la oportunidad de adueñarse del mundo y de sí mismo”.

Es por esto que los objetos de apego o transicionales ocupan un rol único en la vida del bebé. Lo calman, le dan poder. Comienza a tener una referencia externa que no es solo ese adulto que lo cuida. Cuando ese adulto este ausente, ese objeto le dará la misma sensación de seguridad, cariño y protección que de brindan sus amorosos cuidadores. Por eso, el bebé lo convierte en su compañero fiel. Lo precisa cerca y a su alcance. Lo lleva a su cuna y más tarde a los viajes, a la guardería o a la casa de los abuelos. Lo buscará cuando necesite conciliar el sueño o sentirse protegido y lo ayudará a empezar comprender que es un ser único y no un apéndice de su mamá.

En general, los chicos asocian este objeto de apego a su mamá. Por eso suelen elegir aquellos que son con texturas agradables, blandas y suaves.No todos los bebés que sienten apego por algún objeto. Pero los que lo hacen por lo general adoptan este objeto entre los cuatro y los seis meses y lo van abandonando de forma progresiva hacia los tres o cuatro años, cuando tiene más autonomía y capacidad para socializar. Puede ocurrir que luego de “abandonar” el objeto vuelvan a recurrir a él por un cambio importante como una mudanza, el nacimiento de un hermanito, el comienzo del Jardín. Pero así como poco a poco nuestro bebé abandona los pañales también abandonará su objeto. No es grave, no es malo, solo se llama crecer.

¿Lo lavo o no lo lavo?
El bebé lo muerde, lo babea, lo arrastra, lo abraza, duerme con él… Todo esto lo impregna de un olor característico. Aunque nos parezca un poco asqueroso es justamente ese olor reconocible parte de su encantador atractivo para el bebé. No obstante si notamos que ya está demasiado sucio lo mejor es lavarlo cuando el dueño no está presente.
En el caso de que se pierda, lo mejor será no reemplazarlo por otro nuevo inmediatamente. Si el niño se da cuenta que lo perdió lo mejor será ayudarlo a buscarlo y apoyarle en este proceso, para que tenga claro que sabemos todo lo que representa para él. Solo el niño decidirá si desea otro o no.

Perrito apego
Nuestro trapito de apego está hecho con materiales de primera calidad, hipoalergénicos, lavables, libres de ftalatos y no tóxicos. Su textura suave, peso liviano y diseño amigable invitan al bebé a acariciarlo, abrazarlo, jugar y dormir con él, ¡será una gran compañía!

Carestino
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