Aunque son fundamentales para el crecimiento y desarrollo de los chicos, no siempre se los tiene en cuenta. Qué son y cómo incluirlos en la dieta de todos los días.

Los micronutrientes son sustancias presentes en los alimentos que el organismo requiere en pequeñas cantidades y que tienen funciones específicas. Se trata principalmente de vitaminas y minerales como, por ejemplo, la vitamina A, esencial para la visión, la piel y la mucosa; o el hierro, que participa en el transporte de oxígeno a los tejidos. Los micronutrientes son elementos esenciales para que el cerebro, los huesos y el cuerpo se mantengan sanos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) considera que las dietas monótonas que contienen escasos micronutrientes y otros elementos alimenticios esenciales (como grasas o proteínas de elevada calidad), no son suficientes para conducir una vida sana y productiva. 

“Cada micronutriente cumple una función específica y todos son necesarios, ya que son sustancias que nuestro organismo no puede fabricar y deben ser provistas por los alimentos”, explica Constanza Dvorkin, licenciada en Nutrición M.N 2994.

Los micronutrientes son tan importantes que su carencia se suele denominar “desnutrición oculta”, porque se desarrollan gradualmente con el tiempo, y sus efectos no se observan hasta que ya han causado un daño irreversible. Aunque puede que el niño se vaya a dormir todas las noches con el estómago lleno, la falta de micronutrientes implica que su cuerpo está todavía hambriento de una buena nutrición. Que esta carencia no sea detectada fácilmente no implica que su organismo funcione en su máximo potencial: los chicos pueden estar cansados, tener infecciones frecuentes o, en el caso de la falta de hierro por ejemplo, pueden darse casos de anemia y alteraciones en el desarrollo. 

La falta de vitaminas y minerales se da normalmente por desequilibrios en la alimentación, con consumo elevado de alimentos que contienen pocos micronutrientes (como golosinas, bebidas azucaradas, cereales refinados), y bajo consumo de vegetales, frutas, lácteos, cereales integrales y legumbres. 

Para revertirla, la solución es tan sencilla como fundamental. Dvorkin aconseja  brindarle a los chicos una alimentación variada que incluya estos grupos de alimentos que aportan los diferentes micronutrientes. Por ejemplo, las carnes tienen hierro, zinc y vitaminas del grupo B; los lácteos se caracterizan por ser fuente de calcio, fósforo, vitaminas A, B2 y D; y las frutas (especialmente, los cítricos) contienen vitamina C. En algunos casos, también son útiles los alimentos fortificados, que están adicionados con determinadas vitaminas y minerales. Lentejas vegetales de hojas verdes y las semillas de zapallos son alimentos ricos en hierro. 

Como papás es fundamental estar atentos a brindarle una dieta balanceada a los chicos. Las deficiencias de micronutrientes afectan especialmente a los pequeños que por su rápido crecimientos son los que necesitan mayores cantidades de micronutrientes en relación a su tamaño.

Por otro lado, es importante recordar que los primeros pasos para una buena nutrición comienzan antes de nacer. La desnutrición causada por la carencia de micronutrientes puede afectar al desarrollo del feto, por lo que es importante que las embarazadas lleven una alimentación saludable.

Podés consultar a la licenciada en Nutrición Constanza Dvorkin en su IG: @Conyfit


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