En los últimos tiempos se escucha mucho el término “familia disfuncional” pero ¿hay una “familia que funciona”?

Hasta hace algunos años, digamos que en el siglo pasado parecía existir un solo modelo de familia. La integrada por un papá, una mamá y dos hijos. Una serie, La familia Ingalls parecía representar ese ideal. Un padre que siempre salía adelante, una madre abnegada y tres hijas bellas, inteligentes y cariñosas. No había peleas ni conflictos. Pero en los últimos años se visibilizaron nuevos modelos de familias. Es que la vida cotidiana demuestra que no existe una sola familia.

En la sociedad conviven distintas organizaciones familiares: las “tradicionales”, las de hombres o mujeres con hijos a cargo, las ensambladas, las que cohabitan con la familia extensa y las monoparentales por nombrar solo algunas. En los últimos tiempos se difundió el término familia disfuncional. Si hay disfuncionales implica que hay otras que “funcionan”, pero… ¿es realmente así?

“La perfección es irreal. Durante toda la vida se atraviesan distintos tipos de dificultades. No existen las familias sin problemas, lo que tomamos en cuenta es cómo sus miembros resuelven, enfrentan o conviven con esas dificultades”, explica María Ana Monzani, psicopedagoga y doctora en Educación.

Según algunos especialistas, en determinadas situaciones se califica de “disfuncional” lo que en realidad es una diferencia cultural, un cambio de entorno o una crisis transitoria provocada por un duelo, una separación o una dificultad económica. 

“La noción de disfuncionalidad implica un parámetro con respecto a qué es funcional y qué no lo es. Ese parámetro está establecido culturalmente: lo que es disfuncional para una cultura puede no serlo para la otra”, señala Elina Dabas, licenciada en Ciencias de la Educación. Un grupo familiar de clase media de la ciudad de Buenos Aires puede tener un sistema de creencias diferente a otro de origen boliviano o estadounidense. En el mundo occidental la idea de poligamia sorprende, mientras que dentro del islam, con ciertas restricciones está permitida. En Japón los chicos son los que limpian sus escuelas, algo que en nuestra cultura resultaría inusual. Lo que resulta “normal” para unos, puede parecer extraño para otros.

Por otra parte, la familia no es una isla dentro de la sociedad sino un sistema sensible, al que afectan los cambios socioeconómicos y políticos del contexto. Muchas familias perciben que en un mundo lleno de incertidumbres e inseguridades, cada vez es más complicado cumplir con la función de apoyo, estímulo y sostén de sus miembros, sobre todo de los más chicos.

 “Los africanos crearon una frase maravillosa: ‘La educación de los niños pertenece al poblado‘. En nuestra cultura urbana ese concepto resulta extraño. Se tiende a considerar solo a los padres, sobre todo a la mamá, como los únicos responsables del cuidado de los niños. No se exploran otras redes de acompañamiento y sostén”, asegura Dabas, autora de Redes sociales, familia y escuela. Pareciera que en algunas situaciones calificar a una familia de “disfuncional” permite liberarse de la responsabilidad de colaborar con ella y buscar alternativas para resolver situaciones complejas.

“¿Cuál sería la familia que es funcional y cuál no? ¿Existen familias disfuncionales o un sistema social que no funciona?”, se pregunta Graciela Soler, licenciada en Trabajo Social y especialista en infancia y adolescencia. “Existen muchos modos de ser familia y me parece llamativo que se la cuestione siempre y en primer lugar a ella y sus conflictos. Se la ubica como ‘el problema‘, se la rotula ‘disfuncional’ y así se ocultan otras responsabilidades que nos competen como sociedad. Conozco familias con múltiples carencias que no dudan en hacerse cargo de chicos que perdieron a sus padres. Crean una solidaridad de lazos para darle un hogar a otro que lo necesita. Lo paradójico es que en ocasiones pueden ser calificadas como disfuncionales por no cumplir con los parámetros de organización y socialización de una supuesta familia ideal y moralmente apta. No niego que existen grupos familiares que presentan serias dificultades, pero son la excepción y no la regla”.

Teniendo en cuenta esto, antes de caratular es necesario observar sin prejuicios el contexto y la realidad de cada hogar. No se puede determinan que una familia es “disfuncional” solo porque no entra en los parámetros de “normalidad” de nuestra sociedad. 

Sin embargo, no se pude negar que existen familias cuyos miembros familiares muestran dificultades para cumplir con sus roles, ocupan otros que no les corresponden o son poco flexibles y esto perjudica a sus integrantes. La disfuncionalidad está en la persistencia de una conducta rígida. Si no se puede generar un contexto estable de estímulo, aprendizaje y bienestar en los miembros de una familia, especialmente en los más chicos, estamos frente a una estructura disfuncional. 

Pero atención se debe diferenciar una situación de cambio que requiere una adaptación -como puede ser un divorcio, una mudanza, la muerte de un ser querido- de una crisis que permanece en el tiempo estancada y sin resolver. 

Los especialistas prefieren reservar la palabra disfuncional para aquellas familias que atraviesan dificultad para asumir la responsabilidad frente a problemas graves como la violencia, el abuso sexual intrafamiliar o situaciones patológicas. Es decir, cuando se ven afectadas e incluso imposibilitadas de cumplir conas funciones de cuidado, sostén y crecimiento de sus miembros.

Por lo demás, ya se sabe que “La familia Ingalls” solo fue una serie. En la vida real, no hay familias perfectas, pero sí familias posibles y esas son las que “funcionan”.

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