Que los chicos puedan reconocer qué les pasa y qué sienten es fundamental para su desarrollo.

Desde los primeros meses de vida, los niños y las niñas son capaces de reconocer emociones positivas o negativas. Aunque muchas veces no pueden nombrarlas son capaces de discriminar emociones básicas como la alegría, la tristeza, el enojo y el miedo. Las emociones son el motor del desarrollo personal. Así como nuestro cerebro se fortalece al estudiar, nuestra salud mental y socio-afectiva lo hace cuando ejercitamos las emociones por eso es tan importante ayudar a los chicos a conocerlas y ayudarles a expresarlas. Diana García Dilba es psicóloga (M.N. 67.130) y nos brinda estas pautas para reflexionar en familia:

Las emociones son fundamentales para nuestra vida, a través de ellas expresamos lo que sentimos y lo comunicamos a los otros. 

Cada persona experimenta sus emociones de una forma única y particular, en base a sus vivencias, a sus aprendizajes, a su personalidad, a sus circunstancias, al contexto que habita, etc.

Lamentablemente, aún está instalado en nuestra sociedad el falso positivismo que promueve que hay que estar bien todo el tiempo, las veinticuatro horas los siete días de la semana, sin importar lo que nos pasa. Y, además, que si no lo logramos, somos los culpables…Nada más nocivo para nuestra salud mental y la de nuestros hijos.

Debido a estos mandatos, existen ciertas emociones que tienen muy mala prensa, sobre todo las mal llamadas “emociones negativas”. De negativas no tienen nada, ya que todas las emociones son una expresión de lo que nos pasa, pero como nos han hecho creer que no son buenas, las guardamos bajo siete llaves. Y lo mismo le pedimos a nuestros hijos… 

En muchas ocasiones escuchamos a los adultos decirles a los niños/as: “No llores”, “No te enojes”, “No tengas miedo”, “Deberías estar contento” y un largo etcétera de bajadas de línea emocionales. Es decir, se interfiere en la expresión de las emociones infantiles, tratando de moldearlas/ anularlas/ modificarlas con la intención de que sólo prevalezcan las aceptadas socialmente (es decir, las mal llamadas “emociones positivas”).

Todas las emociones de nuestros peques vienen a comunicar algo, a enseñarles algo, todas son excelentes mensajeros que deben ser recibidos con naturalidad, todas son saludables. Y, como adultos, tenemos la responsabilidad de velar para que todas ellas puedan ser expresadas por nuestros hijos.

Si los niños/as logran gestionar adecuadamente sus emociones, podrán obtener un mejor desarrollo social. Es decir, podrán sentirse mejor con ellos mismos, auto-regularse emocionalmente, lograr un mayor autocontrol y no sentir culpa por lo que sienten. Se relacionarán e interactuarán mejor con otros niños y adultos, y tomarán mejores decisiones. 

¿Cómo ayudar a nuestros hijos/as a gestionar mejor sus emociones? 

– Ayudar al niño/a a identificar la emoción que está sintiendo, para que pueda ponerle nombre a esa emoción que está transitando (por ejemplo: “Me parece que estás enojado, puede ser?”).

– Ayudar al niño/a a buscar la razón de la emoción que siente (por ejemplo: “Puede ser que estés enojado porque tu amigo Benicio no pudo venir a casa”).

– Ayudar al niño/a a expresar su emoción (por ejemplo: “Entiendo que te sientas así, siempre podés contarme lo que te pasa, a veces yo también me enojo cuando las cosas no salen como las imaginé”). 

– Ayudar al niño/a a encontrar alternativas (por ejemplo: “comprendo que querías que Benicio viniera a jugar a casa, pero hoy no va a poder venir. En cambio, podemos ir juntos a la plaza”).

– Ayudar al niño/a, validando lo que siente (acompañándolo desde la empatía, la compasión, el respeto y el amor).

Poco a poco, si los adultos ayudan y acompañan, los niños aprenden a poner nombre a sus emociones y a autorregularlas. Así tendrá mejores herramientas para vivir y también para convivir. 

Si querés consulta a la Lic. Diana García Dilba podés hacerlo en Instagram, FB y YouTube: @dianagarciadilbapsicologa

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